Tatuajes

Cada vez que hacían el amor les aparecía un nuevo tatuaje.

La primera vez a ella le apareció un poema, y a él un gato; la segunda, vieron cómo se trazaban cadenas en sus tobillos. Después de una noche de psicodelia a ella le quedaron tatuadas en el rostro finas escamas verdes y rosadas y en la espalda de él, una figura étnica mahorí.

Después de cada éxtasis buscaban ilusionados qué grabado había quedado en sus cuerpos. Pero con el tiempo la ilusión cedió a la ansiedad y el miedo al fin, al fin de las ganas.

Como todos los amores, el suyo murió cuando se les acabó la piel.