Apprivoiser

Delu, la asistente de producción, está enamorada de la prima ballerina de la Compañía de Danza.

Cuando le ajusta las zapatillas de media punta a Akake, se encarga de que las dos cintas de tela se envuelvan bien alrededor del tobillo. Lo hace cuidadosamente en direcciones opuestas, superponiendo una cinta frente a la otra para formar una cruz. Mientras esto se surte, Akake, la bailarina, discute con un pequeño libro blanco en su mano.

–Entonces la traducción estaba mal. El Principito no había domesticado al zorro.

–Es que en el cuento apprivoiser no es domesticar– contesta Delu. –Es cautivar con cariño, hacer de otro tu casa.

Delu pasa una almohadilla de algodón para corregir los excesos de maquillaje, acomoda los cabellos rebeldes y estira un poco el balanchine. Quedan pocos segundos para iniciar. Akake se queda mirando fijamente a Delu:

–Te tengo domesticada–, dice la bailarina con una expresión juguetona.

–Esa no es la palabra, tonta. Y sí, je suis apprivoisée. –contesta Delu sonriendo y dándole un último apretón a la cinta alrededor de la cintura de Akake.

Las notas de Tchaikovski suenan al fondo.

Akake, la prima ballerina, sale al escenario a perseguir a su corazón, que ya estaba bailando con Delu.

 


Notas:

  • La ilustración es un boceto mío en acuarela, 210x148mm. 
  • La traducción al español de “domesticar” en El Principito ha sido una bella polémica. El verbo usado por el autor y que le da título a este cuento fue traducido en forma literal al español, pero muchos dicen que la acepción de Antoine de Saint-Exupéry  supone una relación mucho más profunda entre el zorro y el Principito.