Neoliberalismo

No parecía una mala idea en 1938, cuando se planteó como hipótesis: las cosas se producirían en donde fuera más barato (por tener más a la mano la materia prima o mano de obra culturalmente mejor equipada) y fluirían a donde se necesitaran en paz, gracias a fronteras y comercios libres.

Para ello habría que bajar los aranceles, especializar la productividad de cada nación y permitir que el dinero circulara fácilmente.

Y bueno, que también todos estuviéramos de acuerdo.

Esa, como otras premisas del pensamiento neoliberal nos vinimos a dar cuenta de que no se cumplieron. A saber: que las cadenas de suministro serían resilientes (ante, digamos, una pandemia o una guerra); que la política haría que la sociedad local recibiera equitativamente el fruto de su esfuerzo; que los reguladores económicos globales ajustarían bien las perillas de la variación de mercados autoregulados; y que los estados actuarían eficazmente como válvula reguladora del estímulo a trabajadores, empresarios y consumidores.

Nada de eso pasó.

La filosofía neoliberal está agotada, no solo en Estados Unidos, sino también en otros lugares: véase la reacción contra el desafortunado experimento británico de bajar impuestos a las rentas altas. Se suponía que la deslocalización a múltiples países haría la fabricación más productiva y a las empresas más eficientes. Sin embargo, muchas de esas supuestas eficiencias colapsaron con cualquier tipo de estrés global, desde las pandemias a los tsunamis, la congestión en los puertos y otros sucesos imprevistos. Y unas complejas cadenas de suministro dieron lugar a numerosas catástrofes productivas mucho antes de las crisis globales de los últimos años.
Entretanto, el propio libre comercio, que se suponía que debía fomentar la paz entre los países, se convirtió en un sistema que los países mercantilistas y las autocracias podían manipular, generando así profundas divisiones políticas a nivel nacional e internacional.

Rana Foroohar, La filosofía neoliberal está agotada. ¿Qué sigue? (2022)

La globalización (fin último neoliberal) va para atrás. Comercialmente seguirá fluyendo, pero el choque cultural que produjo por la mala implementación será duro.

Por supuesto, la globalización, en lo que respecta a los flujos comerciales, continuará. Pero la globalización como lógica impulsora de los asuntos mundiales parece haber terminado. Las rivalidades económicas se han mezclado ahora con las rivalidades políticas, morales y de otros tipos en una competición mundial por el dominio. La globalización ha sido reemplazada por algo que se parece mucho a una guerra cultural global.

David Brooks, La globalización ha terminado. Han empezado las guerras culturales globales, New York Times (2022)

Es paradójico que el nacionalismo termine siendo el resultado de décadas de mala implementación de una hipótesis sobre un mundo globalizado que no parecía estar mal planteada, y que por premisas (y promesas) incumplidas nos devolvieran a los siglos del nacionalismo, las banderas y el populismo.