El poeta y el hambre

El del corte en el pulgar se preguntaba qué mecanismo biológico haría que las líneas digitales separadas restablezcan los caminos y se reconformen las huellas.

Hacinados, todos los hombres dormían, desesperaban, defecaban, lloraban por libertad y morían de hambre e infección en esa celda diminuta.

El del corte en el pulgar fue apresado por robar dos kilos de carne. Seguramente moriría ahí, mucho antes de que algún juez se enterara de su existencia.

“Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?”, se preguntaba el poeta.

“La justicia extrema es extrema injuria. Fabricamos ladrones para luego matarlos”, afirmaba el pensador.

El corte en el pulgar se lo había hecho mientras rayaba esas líneas en la pared. Él era todos los hombres: quien lloraba, quien gemía, quien moría y quien rogaba libertad.

Un par de días después el hambre mató al poeta y la infección al pensador. Las huellas desaparecieron.


Notas:

El poeta, Silvio. El pensador, Thomas Moro.