La Hora de Le Sidaner

“Las obras de Henri Eugène Le Sidaner parecían pintadas todas a la misma hora, aprehendiendo la atmósfera como un daguerrotipo a distintas luces con la figura recurrente de una mujer. Su obra se siente como si hubiera puesto cien lienzos alrededor del mundo, todos al mismo tiempo, capturando el espíritu melancólico y sereno del final de la tarde. Lo que quiero decirles hoy es que si él podía hacer eso con una paleta de pintura hace doscientos años, ustedes también pueden hacerlo con esas mega cámaras digitales con las que cuentan hoy.”

El mentor terminó su exposición frustrado. No esperaba mucho de ese juvenil grupo de estudiantes de arte cuya mirada hundida en un celular le hacían preguntarse “¿para qué se toman la molestia de venir?”.

–Profesor, la mujer  que usted dice que aparece en todas las obras de Le Sidaner… ¿quien es? – preguntó una estudiante de cabello crespo oscuro mientras ojeaba curiosa las láminas con pinturas del autor que había llevado el profesor.

–Nunca se supo. Y no aparecía en todas sus obras, sino en algunas – suspiró el maestro casi fastidiado. Ya eran casi las seis y estaba cansado.

–Está equivocado. Mire –respondió la joven mostrándole los lienzos que había llevado el profesor para ilustrar a sus alumnos.

Efectivamente, ahí estaba la mujer en cada uno de ellos, incluso en los que no aparecía hacía unos minutos.

Entendió, por fin, que lo que el pintor francés había hecho era regalarle a la fiel y puntual mujer un paisaje, una campiña, una atmósfera,  siempre serena, siempre melancólica, y siempre a la misma hora. Después, simplemente desaparecía.

El profesor miró su reloj y sonrió. Era la hora.

 

 


Notas:

  • Henri Le Sidaner fue un pintor post-impresionista francés. Su obra era intimista y, aunque no buscó retratar “la impresión del momento” (como postulaba Èdouard Manet), utilizó la técnica del impresionismo pero cambiando la luz natural para jugar con ella de una forma tan particular que definió su estilo.
  • No solamente su obra me ha parecido bellísima por la serenidad que refleja, sino por la enigmática presencia de una mujer en algunas (de hecho, muy pocas) de sus pinturas. No está en todas, pero me gustó el motivo que en ese interrogante planteaba. Eso me animó a desarrollar este cuento.
  • Después de ver su obra en el Musée d’Orsay, le he hecho cuatro correcciones. Me parece que se podría desarrollar en un entorno distinto a la academia, y que se podría jugar un poco con la relación entre la estudiante y la mujer de las pinturas. Pero me rendí: eso ya será en otro cuento. 😉