Color blind

La acromatopsia empezó a fracturar la comunicación entre mis ojos y mi cerebro. Ya no veía bien los colores.

A algunos el proceso los enloquece, pero adiosgracias gocé de la curiosidad suficiente para observar sin pánico cómo los colores primarios, el rojo, el verde y el azul, se iban yendo uno a uno.

Primero se fue el rojo, llenándome de una sensación fría, como de madrugada perpetua. Una sensación estética distinta, pero “lo hermoso deja de serlo cuando dura tanto: solo noté su partida cuando ya no estaba”.  Así lo anoté en mi libreta.

La ida del color verde fue menos agradable: todo lucía plástico, como envuelto en linóleo, como de mentiras. “Siento que todo es falso”, anoté.

Un par de años duré viendo todo en gris: la enfermedad se había instalado al fin y alcancé a abrazar la idea de ser feliz a pesar de no poder ver ningún color.

Pero me trajeron de vuelta.

“Volvió el rojo, pero solo”, fue lo que anoté en un corto periodo de conciencia, que supongo fue antes de partir. 

El rojo trajo consigo los demás colores. Con ella y mi llegada a la otra orilla, lo hermoso volvería en cualquier momento.


Nota: este cuento está publicado en mi Asalhí.