Miguel Ángel

Oh Señor, dame el don del discernimiento. Dame serenidad para entender tu designio y no me abandones en mi momento de mayor angustia y necesidad.

Deja que mi mente entienda el porqué de estas sombras negras que siguen apareciendo sobre mi pincel, en las curva abovedadas de tu capilla, tu casa, Señor.

Viste al Papa encolerizarse cuando me negué a mostrar mi trabajo (tu trabajo en mis manos, Señor) cuando la arena y la cal aún están húmedas; las sombras persisten en aparecer en el escorzo de tu profeta Jonás, en el torso de Adán y en las sibilas desnudas. Las curvas de la bóveda cada mañana se mueven y los colores más brillantes se oscurecen por espectros opacos que no logro entender.

¿Qué ánimas habitan este, tu hogar, mi Señor?

Llevo más de seiscientos días clamando tu ayuda para que estos espíritus cedan; y ahora comprendo que sea tu voluntad que ellos prevalezcan y se queden.

Por favor, por mi vida, por este tu siervo que te ama y obedece, escóndelos en la cal, en los dibujos, en las vestimentas y la piel.

El Papa ordenó que la capilla se abriera en unas horas. Aún puedes ocultarlos, señor, te lo pido.

Hágase tu voluntad. Amén.


Notas:

  • El Papa Julio II amenazó a Miguel Ángel con hacerlo lanzar del andamio si no desmontaba todo para permitir la entrada del público, aún cuando el fresco de la bóveda de la Capilla Sixtina iba por la mitad (a pesar de los dos años ya invertidos). Unos meses después reinició.
  • Aquí hay otro cuento en donde se explora la oscuridad detrás de la belleza del arte sacro, un motivo que me ha perseguido por años.