Turandot

Turandot, de Puccini, Palacio Euskalduna. Bilbao, 13 de Mayo de 2008

Algunas veces el mercadeo nos vende la pieza más reconocible de un producto o servicio. Pero no necesariamente es la mejor.

Esto lo noté con Turandot, la ópera de Puccini, la cual contiene un aria mundialmente conocida.

Mi resumen de la obra (puede saltarse esta parte con tranquilidad):

Turandot es una princesa cruel y vengativa, que ha puesto como condición a quien quiera casarse con ella que responda 3 preguntas. Si falla, morirá a la mañana siguiente.

Es tal su belleza que príncipes de poderosos reinos acuden al llamado, y mueren a pesar de las peticiones de clemencia de su pueblo. De hecho, la obra empieza con la muerte del Príncipe de Persia.

Estas muertes no asustan a Kalaf, hijo de Timur, príncipe tártaro, quien insiste en presentarse y consigue pasar las tres preguntas:

  1. ¿Cuál espíritu muere en la noche y amanece con el hombre cada día de su vida? (La Esperanza)
  2. ¿Qué es flama ardiente que no es fuego pero enfría con el último aliento? (La Sangre)
  3. ¿Qué abraza sin ser fuego, y quema aún siendo frío? (“Vuesa merced, princesa: Turandot“)

El príncipe, aunque triunfa, le da a la contrariada princesa una última oportunidad para que ella lo pueda hacer ejecutar: que adivine su nombre (el del príncipe) antes del amanecer.

Esa noche, Pekín pasa en vela… pero pasan una serie de acontecimientos que acaban con la pérfida crueldad de la princesa, y que la llevan a enunciar el nombre del príncipe al alba:

Su nombre es… amor” (a pesar de que el príncipe mismo le había revelado su nombre unos minutos antes). Pekín estalla en júbilo, y todos los coros entonan un canto de vida, esperanza y felicidad.

Un final impresionante para una obra impresionante.

Pienso que la dinámica del “voz a voz” en Internet es buena, y nos ha traído información a la cual posiblemente nunca hubiéramos accedido. Pero creo que el volumen de mensajes que recibimos no nos da tiempo para digerir y extraer lo mejor de ellos.

La única solución sería dejar la inmediatez e inscribirnos en la filosofía de la vida lenta para así lograr extraer lo mejor de los mensajes que vienen titulados con lo más reconocible (no muy fácil de llevar a cabo, lo reconozco).

Ah! Y lo más reconocible de la obra de Puccini es indudablemente esto.

(Aunque esta versión me gusta más).