El Costo Hundido (o del por qué deberíamos ser más animales tomando decisiones)

Resulta que no nos arriesgamos a tomar decisiones tanto por el futuro que esperamos, sino por el pasado de cargamos.

Y este fenómeno tiene nombre: la falacia del Costo Hundido.

Es la falacia que nos hace quedarnos tres horas sentados viendo una película a pesar de que desde la primera media hora sabíamos que era mala. “¿Cómo me voy a ir si ya pagué por las entradas y llevo invertida media hora de mi vida sopor-tándola?” (el guión es a propósito).

Es la misma rutina mental que no nos deja despedir a ese empleado que no da resultados a pesar de que lo escogimos por su extraordinario potencial, porque quedaríamos mal con el jefe ya que su contratación fue nuestra responsabilidad, y además llevamos tres meses entrenándolo (“pero jefe, seguro que algún día…”).

Es la que nos hace insistir en seguir pagando una campaña muy cara en un producto que no se vende.

La que no nos deja cambiar de carro a pesar de (y debido a) todas las reparaciones que le hemos hecho.

La que no nos deja tomar decisiones arriesgadas.

La que no nos deja decidir.

La razón  por la que los animales no sufren de la parálisis por análisis y se lanzan a lo que quieren, ya que a los humanos nos pesa más el miedo a perder que las ganas de ganar.

Algunas veces deberíamos poder ser más animales, y permitirnos dejarnos llevar por el futuro sin las cadenas (mentales) del pasado.

Mucha veces, ignorar el costo hundido es el camino.


Notas:

  • El término “Costo hundido” me parece horriblemente literal. Debería haber un nombre mejor en español, como “Costo Asumido” o “Costo Irreversible”. Se reciben mejores traducciones. 
  • Más información sobre el Costo Hundido.