Kōan

La vieja aporía zen se pregunta «si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?».

Si un amor estalla en mil pedazos, como un Big Bang que ilumina y contamina, y no hay un poeta cerca para narrarlo, ¿hace alguna luz?

Si un gran dolor, «como de madre de un hijo ciego», se acaba sin que un héroe lo aplaste, ¿existe el heroísmo?

«El humano necesita narrar y salvar, es su función primordial», decía Talavera en una entrevista a un impertinente uruguayo. «Si no lo busca y no lo hace, no vale ni lo que el musgo en la corteza de un árbol que nadie oye caer».


Nota:

  • «Para resolver un kōan el novicio debe desligarse del pensamiento racional para así entrar en un sentido racional más elevado y así aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.»
  • La referencia a la «madre de un hijo ciego» corresponde a un poema/canción de Silvio Rodríguez…

    Ya no te espero
    Porque de esperarte hay odio
    En un noche de novios
    En los hábitos del cielo
    En madre de un hijo ciego
    Ya soy ángel del demonio

    Ya no te espero