Lunaluna

Como muchas noches, el final de la jornada incluía un cuento o una explicación de algún fenómeno natural, en compañía del siempre vigilante gato.

El lunes no lo recuerdo, pero el martes discutimos sobre el olfato de las hormigas: “¿cómo huelen los restos de galletas desde tan lejos si no tienen nariz?”. La mejor explicación que se le ocurrió era que a dios no le gustaba el desorden y hacía aparecer a las hormigas para que se llevaran los restos de comida de su cuarto.

El miércoles durmió molesta con la conclusión de que Sammy el Heladero, a pesar de ser un pingüino feliz y gordito, era malo: ¡le echaba a sus helados clavos molidos y pimienta mojada!

El jueves le expliqué por qué la luna siempre nos muestra la misma cara. Armado con una pelota de caucho y un marrano de peluche hice una pantomima que simulaba el fenómeno: el periodo de traslación de la luna coincide con el de rotación de la tierra.

-¿Y las lunas tienen lunas?

-Sí. Se llaman lunalunas.

Se durmió con una sonrisa en el rostro. A su lado rotaba el gato, mientras ella rotaba sobre mí.

El gato era su lunaluna.


Notas:

Es verdad. Se llaman así: