Horace

Horace era guía del Musée d’Orsay. Tenía pésima memoria pero una prodigiosa imaginación.

“En su ‘Casa del ahorcado’ podemos ver cómo el joven Cézanne incorporó tonos lúgubres a la pincelada impresionista, tal vez reflejando el luto por la forma como murió su primo Camille, de lo cual siempre se culpó.

“Cuando el mercader ruso Cheslav Velikanov vio ‘El Ensayo de Danza’, pidió a Edgar Degas que le quitara los colores para poder grabarlo en una de las paredes de su recién construído Teatro Odessa. Nunca le pagó, y por eso Degas reprodujo este ensayo muchas veces en colores para así quitarle valor.

“Pocos saben que Paul Gauguin sufrió de paludismo en su extensa visita a Tahití. Eso afectó su visión, y por ello todos sus pinturas de la época tienen un marcado tono amarillo. En su lecho de muerte, confesaría a su esposa que siempre creyó que el tono era natural.”

Cien años después, los visitantes al museo aún pueden oir las historias de Horace en las guías interactivas. Nadie se pregunta ahora cuál es la historia original.

 


Notas:

  • Este cuento me divierte mucho. El protagonista compensa con inventos lo que la memoria se le lleva. Y esta característica, para alguien encargado de transmitir conocimiento del arte, se me hizo irresistible: ¡un cuentero en papel de profesor!
  • La primera historia que se inventa Horace, sobre Cézanne, el pintor post-impresionista francés, es maravillosamente inexacta: no había luto en esa obra (La Casa del Ahorcado, 1872). Y menos por un primo. El nombre que le di al supuesto difunto, Camille, es el de Pissarro, su gran amigo también post-impresionista. 
  • En la segunda el mercader ruso es inventado, sin embargo las fechas de creación de la obra de Degas y la restauración del teatro ucraniano coinciden. Me sedujo mucho la idea de un pintor famoso que reproduce muchas veces un tema en sus obras con el objetivo de bajarle el precio de mercado (lo cual, honestamente, no sé si tiene registro histórico). 
  • La tercera habla más del tono de la obra de Gauguin que de cualquier cosa. Me hizo gracia pensar en un pintor con visión cromática deficiente a quien jamás se le hubiera revelado su problema.
  • Este cuento lo escribí en una visita al Musée d’Orsay en Paris que disfruté muchísimo dado que en ese momento de mi vida el impresionismo me atraía con mucha fuerza. Y me gustaría haber dado con un Horace, así sea para confundirme.