Juan Fernando Zuluaga
Este es mi blog de notas. Empresario. Escribo cosas.
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19 Ago 2017

Ultreia

De la Wikipedia…

Ultreia o ultreya (del latín ultra -más allá- y eia -interjección para mover-) es un saludo entre peregrinos del Camino de Santiago.1​ También sirve para animarse unos a otros en sus jornadas a pie por los Caminos a Santiago. Viene a significar «Vamos más allá», «Vaya adelante», «Date prisa, sigue adelante». En el presente es más común el de «¡buen Camino!«.

El «¡buen Camino!» es un mantra del peregrino. Se repite cuando nos encontramos, cuando sobrepasamos a alguno porque vamos con un paso más rápido, al despedirnos en las fondas o al decir adiós si suponemos que no nos volveremos a ver.

Utreia es más profundo, ahora que es más escaso. Y según me contaba José, El Fontanero, lo usan mucho los que vienen de vuelta de Santiago de Compostela, algo que es raro que alguien haga.  Quienes llegamos a Santiago tomamos un avión o un auto de vuelta a casa. Pero es un camino milenario, y esas opciones solo están disponibles hace menos de un siglo. ¿Qué hacían antes? ¡Devolverse por el mismo camino!

IMG_0728.jpgEsos caminantes que se devuelven son quienes nos dicen Ultreia.

Ultreia es potente, porque dice «yo lo hice, tu también puedes». Ultreia es la voz de la experiencia hablando: cuando nosotros vamos hay alguien que haya pasado por ahí, y te anima. «Santiago te espera, peregrino. Yo ya vengo de vuelta, y vengo a decirte que todo saldrá bien».

Rodearnos de personas que ya han recorrido el camino que vamos recorrer es bueno. Y mejor que te animen, que te digan que es posible. Y a veces, más que escuchar a sabios que indican cómo es El Camino (sea el que sea: profesionalmente, en los negocios, en la vida persona, en las aventuras de amor), necesitamos alguien que nos de un Ultreia, nada más.

Yo ya pasé por El Camino, y si se anima a hacerlo… ¡Ultreia, peregrino!

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15 Ago 2017

Transigir (o de la timidez de los árboles)

Hay un fenómeno interesante con algunas especies de árboles: en bosques tupidos y copas frondosas, los árboles procuran no tocar las ramas entre sí,  a lo que se le ha llamado «la timidez de los árboles» (que me parece el término más delicado y poético que se les ha podido ocurrir).

Según esa forma de verlo, el árbol se siente «temeroso, medroso, encogido y corto de ánimo» (según la RAE) frente a sus congéneres, y ello hace que impida el crecimiento del follaje que pueda tocar a sus vecinos, dando lugar a bellísimas formas, aún a costa de su propio crecimiento.

Pero la realidad botánica es un poco menos romántica: el viento entre los árboles (que hoy aprendí que tiene un nombre igual de poético) genera un roce o abrasión que termina desestimulando el crecimiento de las ramas. Tanto tiempo, tanta colisión condicionan el crecimiento del árbol.

Así como ellos, los humanos crecemos condicionados por los límites con nuestros vecinos, expandiéndonos mientras podamos y estrechándonos cuando irrumpimos el espacio del otro. Un bosque está tupido porque todos crecen al tiempo y la inequidad para llegar a la luz se compensa natural, pero inexorablemente.

Pero tal vez no sea una cosa o la otra, tal vez no sea timidez ni aversión a la abrasión: tal vez sea la transigencia que viene con la sabiduría de los años.

La intolerancia humana podrá tener muchas razones que la excusen en términos evolutivos, pero si viviéramos milenios, si al final del tiempo nos descubiéramos inmortales, veríamos cómo moldearnos y darle espacio al crecimiento del otro era la forma para ser más altos, más grandes.

Como los árboles.

Amathia (o la inteligencia estúpida del intolerante letrado)

14 Ago 2017

Amathia (o la inteligencia estúpida del intolerante letrado)

En Reddit encuentro esto:

TIL about the concept of "amathia", a Greek term that roughly means "intelligent stupidity." This concept is used to explain why otherwise intelligent people believe and do stupid or evil things. "It is not an inability to understand but in a refusal to understand." from philosophy

Supongo que cuando alguien es «inteligentemente estúpido» es porque tiene una sinapsis muy bien conectada, pero un sistema de creencias que condiciona cualquier conclusión que salga de ese pensamiento.

Son gente bien informada, pero que decide ignorar algunos hechos a drede.

Como el presidente que dice que en los grupos nazis hay gente muy buena.

O quien desde una posición de poder a la cual ha llegado gracias a su inteligencia, decide ignorar la historia y los hechos y decir que la paz hay que destrozarla a pedacitos.

Con este tipo de personas no es posible sostener una conversación. Parafraseando el dicho, «no discutas con un estúpido… con su inteligencia-estúpida te llevarán a su nivel y entonces te ganarán por experiencia».

Paradójico que lo único que se pueda hacer contra la intolerancia que viene de este tipo de pensamiento sea ser intolerante.

https://twitter.com/pictoline/status/897260210644852737

La inteligencia-estúpida del intolerante puede ser abrumadora, y no debe ser tolerada. Qué lástima que no haya otra posibilidad.

El profesor Massimo Pigliucci describe aquí un poco más el concepto.

 

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13 Ago 2017

Arte y Empatía

No profesar una creencia religiosa no nos impide ver la belleza que trae el arte religioso como expresión emotiva de los sentimientos de las épocas.

Y el Cristo Muerto Sostenido por un Ángel (1475) de Antonello de Messina (1430 – 1479, Messina, Italia) es uno de esos ejemplos. Lo que me sorprende es la capacidad de generarnos empatía inmediata, como una especie de transferencia emocional directa, atravesando el tiempo y la distancia.

En «Theories of Art: From Impressionism to Kandinsky«, Moshe Barasch nos ayuda diferenciando dos tipos de empatía provocada por el arte: una, que es natural si a lo que reaccionamos es a lo que expresa la obra (como el estremecimiento que nos produce un Guernica); la otra es nuestra reacción a la forma como se presentan los elementos de la obra (así como reaccionamos a la belleza de una naturaleza muerta).

Barash lo describe así:

Captura de pantalla 2017-08-19 a la(s) 2.36.16 p.m.

Y eso me lleva a esta obra de Messina: hay algo en ella que combina ambos tipos de empatía. Podemos sentir el dolor del ángel al sostener a un Cristo realmente muerto (que es la emoción primaria que parece querer transmitir el autor), y una cantidad importante de elementos en la composición que estremecen cuando o detallamos (las calaveras dispersas, las cruces desmontadas del monte del calvario, los árboles cortados de donde salieron las cruces, la manta respetuosa de la intimidad de Cristo, el ángel que nunca toca su piel, el cabello y los rizos caídos aún húmedos del cristo y el ángel, su sangre casi coagulada y la expresión de muerte, por nombrar algunos).

Ambos modos de empatía en una sola obra.

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Cristo muerto sostenido por un ángel, Antonello de Messina 1475 – 1476. Técnica mixta sobre tabla, 74 x 51 cm.

Es asombroso como el ser humano puede ser impactado en tantos niveles, tanto con la belleza como el dolor, desde algo tan lejano como una representación artística.

Bien podría volverse el arte una religión, como se ha discutido tanto.

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12 Ago 2017

El Cisne Negro

Leyendo las 150 cosas que preocupan a las personas más inteligentes del mundo, encuentro a Nassim Taleb, de quien me había referido antes sobre tu teoría del sesgo del sobreviviente, quien contribuyó a la lista con algo que puedo resumir así:

Temo a los eventos cisne negro y el hecho de que sigamos basándonos en modelos que se ha demostrado que son fraudulentos.

Un evento Cisne Negro es impredecible, de gran impacto y una vez se ha hecho presente, se intenta explicar como algo que pudo ser previsto. Por ejemplo, Internet. O la caída de las Torres Gemelas. O la llegada de Trump a la presidencia.

El asunto es que estos eventos nos caen de sorpresa, lo que implica que no estamos preparados para ello. La historia regularmente se recicla, pero algunas veces entramos en terreno inexplorado, frente al cual los modelos que conocemos para resolverlos quedan obsoletos.

Lo preocupante es la forma como se explican a restrospectiva, porque históricamente cada explicación genera un nuevo «ismo»… una nueva creencia, una nueva facción, y hasta una nueva religión.

Y entiende uno por qué es algo que preocupa a gente tan inteligente.

Microcuento

11 Ago 2017

Cenotafio

Me pregunto qué clase de loco cree el guardían del cementerio que soy. Con su lentitud desesperante y su retahíla de preguntas acerca de mi salud, busca las llaves que abren la reja que lleva a las tumbas. Supongo que si no fuera el primero en llegar los sábados, me evitaría ese ritual.

Algunas personas hacen yoga, otras meditación trascendental o deporte.

Yo visito mi tumba aún vacía.

Hoy, como casi siempre, luce descuidada y llena de hierba. No he venido a limpiar, sino a vigilar la cuscuta, esa maldita maleza rosada parasitaria que resiste cualquier fumigación.

Esa maleza son mis miedos, que he sabido enterrar ahí, y que renacen de cuando en vez, de uno en uno y de lunes a domingo. Cada semana vuelvo a asegurarme que siguen confinados ahí: soy un hombre rico y feliz, pero paranoico.

«El loco de la tumba vacía», diría el guardián del cementerio.

«El guardián del cenotafio de los fracasos», diría yo.

 

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10 Ago 2017

No rompas la cadena: la otra cara del Costo Hundido

Hace unos días reflexionaba sobre la falacia del Costo Hundido, según la cual nuestra toma de decisiones se condiciona más por lo que hemos invertido que por lo que podríamos ganar: no compramos un nuevo auto porque, aunque el viejo ya está fallando, le hemos invertido mucho dinero. No nos divorciamos porque esos 15 años han requerido mucho tiempo y esfuerzo, aunque ya sea un infierno. No abrimos ese restaurante que soñamos porque ese título y esa maestría  se irían a la papelera de reciclaje. Así, mil ejemplos más.

En general, condicionamos nuestro futuro a lo que sentimos como «inversión» en el pasado.

Pero hay una forma distinta de verlo: el Costo Hundido nos puede ayudar a persistir en nuestras ideas y no abandonarlas tan fácil. Y esa es la técnica de Jerry Senfield.

Jerry (sí, el cómico proagonista de Senfield) cuenta que tiene un gran calendario que usa para presionarse a escribir. Lo que hace es marcar una gran X con un marcador rojo por cada día que escriba; como el calendario está en un lugar muy visible de su casa, todos los días se ve presionado a no dejar un espacio en blanco, a no romper la cadena de Xs.

Muchos dicen que ha sido la técnica de productividad que más les ha servido, lo cual tiene sentido: el peso visual de la cadena de X genera una especie de interés compuesto en nuestro balance, y que con un solo día se podría perder.

Aquí está la explicación (súper simple) de Jerry Senfield.

Aquí hay un calendario para imprimir (con generador de fechas y todo)

Y aquí una herramienta en línea (de miles que hay)

El haber invertido mucho en una idea, hace que persistamos en ella, y ese es el lado bueno de la falacia del Costo Hundido.

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9 Ago 2017

Interrupción

La publicidad por interrupción es muy común para promocionar productos del conocimiento, y si se hace bien, debería llamar la atención para generar una compra consciente (son muy pocos quienes compran información solo por impulso).

Pero resulta que la atención es un recurso escaso y selectivo.

Y la consciencia necesita atención. El problema es que la consciencia, que es un recurso que necesitamos para poder incorporar nuevos conocimientos, es una vía con un solo carril.

Aprender requiere consciencia de lo que estamos aprehendiendo (sí, con h intermedia), y para ello necesitamos fijar nuestra atención en el sujeto que nos da el conocimiento.

Las decisiones informadas de compra se dan únicamente cuando el comprador es consciente durante el proceso

“interrumpir al usuario para captar su atención es un método muy costoso”Tweet This

Quienes trabajamos en la industria del conocimiento nos vemos en problemas para captar la atención de nuestro público precisamente porque sus niveles de atención no necesariamente van ligados a un nivel de consciencia suficiente para generar una intención real de compra. Por ello, interrumpir al usuario para captar su atención es un método muy costoso. La publicidad por interrupción, llámese banners, popups, notificaciones al celular, puede que funcionen un par de veces, pero su efectividad merma en la medida que quien lo recibe decide dejar de atender conscientemente.

No es igual empujar una venta que generar una intención de compra

Esto lo sabemos quienes vivimos en la industria de la venta de conocimiento: la intención de compra está más asociada a la credibilidad de marca y a un producto contundente que a tácticas de venta creativas. Puede que estas últimas funcionen, pero si no están sustentadas en la credibilidad de la marca, no hay recompra, el componente fundamental que da la posibilidad de ser consistentes en la entrega de información, que es de lo que vivimos quienes estamos metidos en esto.

“si vamos a interrumpir más nos vale lograr que la atención lograda sea completa y consciente”Tweet This

Es importante ser muy selectivo en la forma en que vamos a interrumpir la atención de un prospecto. O mejor aún, hacerlo muy poco. Hacernos tan indispensables que ellos terminen comprándonos, sin necesidad de empujar la venta, de tal forma que las ocasiones en que interrumpamos su atención sea para aumentar nuestro acceso a su presupuesto y crecer en credibilidad. Siendo lo único disponible, si vamos a interrumpir más nos vale lograr que la atención lograda sea completa y consciente.

Hay que saber administrar esa atención lograda con sabiduría.

 

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8 Ago 2017

Estoicismo o del por qué nada grande nace de quien se empequeñece ante las circunstancias

¿Qué tenían en común Mandela, el emperador Marco Aurelio, Santo Tomás de Aquino y Buda?

Pareciera que la filosofía estoica tiene puntos que recogen (queriendo o no) muchos grandes pensadores de la humanidad. Entre muchos postulados, me parecen interesantes estos dos…

Aunque no tengamos control sobre los eventos que nos rodean, podemos tener control sobre cómo nos afectan.

Y aunque la base principal del estocismo es la «aceptación del logos» (o de las circunstancias que nos rodean), ello -paradójicamente- no implica que la aceptación sea resignación o parálisis para el cambio. De hecho, muchos grandes estoicos llevaron a cabo grandes cambios para la humanidad.

Lo importante era aceptar la naturaleza errática del ser humano, comprender con sabiduría las circunstancias y entender que nada grande puede ser construído por alguien que se empequeñece ante las circuntancias.

Este es el otro postulado que me pone a pensar:

Una vez aceptamos al mundo tal como es, podemos cambiarlo a través de las virtudes cardinales de (1) la sabiduría práctica, (2) templanza, (3) justicia y (4) coraje.

Aceptar a la humanidad como es, con sus fallas. Y no solo aceptarlas, sino esperarlas. Y con ese convencimiento, y sin la pasión que viene con el desencanto y la impotencia, cambiar el mundo.

Me gusta.

En este video hay un resumen interesante. Y obvio, es solo el principio.

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7 Ago 2017

Möbius

Sunil, como pocas niñas de su edad, iba a la cama a la hora que sus padres le decían. Procuraba dormirse lo más rápido posible, para así poder escapar a ver a su amigo al otro lado de la ciudad.

Atravesaba corriendo el jardín del ayuntamiento y la pequeña playa artificial del parque comunal. Allí se quedaba unos minutos viendo el reflejo de su rostro; después, llegaba a la casa de Linus.

Invariablemente, descubría con pesar que no estaba.

Un día decidió dejarle un mensaje. Siguió el mismo recorrido, dejó su pequeña carta en la casa de Linus y volvió contenta a través de la playa artificial del parque comunal (donde se detuvo unos minutos a ver su reflejo) y del jardín del ayuntamiento. Al llegar a casa vió con sorpresa que ya Linus había respondido. La respuesta estaba escrita en unos garabatos que se le hacían familiares pero indescifrables. Esto no impidió que Sunil le siguiera escribiendo.

Por años, al irse a dormir, se escapaba y le escribía acerca de su día a su amigo al otro lado de la ciudad en cartas que al regresar, ya veía respondidas. Se imaginaba lo que dirían las cartas de su amigo, hasta que empezó a entenderlas. Cada problema que surgía y cada ansiedad que la consumía se veían aliviados en los mensajes que recibía de vuelta.

Le aprendió a querer mucho por eso.

Años después, Sunil descubrió que su mundo era una cinta de Möbius,  “el otro lado de la ciudad” no era más que su antípoda invertida y los garabatos de Linus eran su misma letra, irreconocible porque la veía en sentido contrario.

Su amigo, su soporte, su conexión inmaterial, no era más que ella misma en un mundo al revés, devolviéndose mensajes tal como lo hacía con el reflejo de su rostro la playa artificial del parque comunal.

 


Notas:

  • Esta es una cinta de Möbius.
  • Y sí, Linus es palíndromo de Sunil.
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6 Ago 2017

Petricor, o del sonido de las palabras

Hay palabras cuya sonoridad no corresponde a la belleza de su significado. La que le da título a esta nota, justamente, es una de ellas…

Petricor es el nombre que recibe el olor que produce la lluvia al caer en los suelos secos.1​ Se define como el distintivo aroma que acompaña a la primera lluvia tras un largo período de sequía.

A pesar de lo hermoso de su significado, fonéticamente petricor arruina el concepto. Lo mismo pasa con crepúsculo, que suena mal pero encierra un concepto precioso.

Pero hay otras que tienen la característica contraria: suenan muy bien, pero significan cosas terribles. Sin pensar en su significado, sino por «cómo suenan», me gustan estas palabras:

  • Orzuelo
  • Cristal
  • Alelí
  • Simiente
  • Anhelo
  • Fosfenos
  • Ombligo
  • Ambrosía
  • Sien
  • Óbelo
  • Gatuperio

¿Y si intercambiamos las palabras que suenan mal y encierran un significado bonito por las que tienen la característica contraria?

Por ejemplo, por un segundo, intente borrar en su cerebro lo que entiende hoy por orzuelo, y cambiémola por el bello concepto de petricor. Saldría algo como…

El orzuelo le recordó a Juan las tardes en que salía a jugar con sus amigos salpicándose en cada charco que encontraban…

O si re-significamos a orzuelo por algo como «sonido del corazón oprimiéndose», podríamos armar frases como…

Frente a la tumba solo oía su orzuelo y a un pichón de gorrión lejano

¿Sería bonito hacer un diccionario así, no?

 

Microcuento

5 Ago 2017

Maldición

Así será mi maldición.

Dejaré que vivas destellos de fortuna, y satisfecho del logro de los deseos de tu corazón verás cómo ellos se minimizan ante tus ojos, para tener deseos más costosos, más lejanos, menos alcanzables. Así, te dará enorme dificultad vaciar tu mente.

Cuando tu amor navegue a un remanso tranquilo, verás que nunca hubo equilibro entre el deseo y el bienestar; y cuando por momentos fugaces lo encuentres, el apego te esclavizará, llevándote de nuevo a aguas turbulentas, a querer imponer una alteridad subyugada y a exigir que el otro sea un clon de tu caprichoso corazón. Tarde te darás cuenta de lo imposible de esa imposición.

Cuando tu y los tuyos gocen de salud, no lo disfrutarás, sino que estarás contando los días para que un galeno te anuncie algo. Y cuando estés sano, haré que tu mente no le preste atención a tu recién alcanzada armonía vital sino que no dejes de pensar en ese pequeño guijarro que ahora incomoda tu pie.

Dejaré que llenes tus bolsillos por momentos, solo para que veas todo lo que aún no puedes comprar. Y verás cómo puedo ser un Dios cruel y vengativo al darte fe y esperanza cuando toques fondo.

Así será mi maldición: recibirás un corazón que pueda sentir felicidad y una mente olvidadiza, distraída y ansiosa que no sabrá apreciarla.

Ahora, ve y encuentra a alguien que escriba esta historia y dile que así fue como te expulsé del paraíso.

 


Nota: recordé a Saramago en su Evangelio según Jesucristo, cuando plantea que si realmente dios quería encarnarse en un humano, era porque Él mismo ya era humano. 

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3 Ago 2017

La Navaja de Hanlon – ¿por qué atribuimos a la maldad lo que puede ser explicado por la incompetencia?

… o por la estupidez?

Este aforismo, común entre quienes vivimos en el mundo de la informática y la programación (mi pregrado fue en Ingeniería de Sistemas), sirve para advertir que regularmente lo que vemos como una acción malintencionada puede ser, más bien, una omisión humana (propia o de terceros).

«¡Me robaron el celular!» … (diez segundos después)… «¡ah, lo había dejado en casa!»

«¡Ese profesor me tiene tirria! ¿Cómo me califica mal si solo me equivoqué en un… 80%?»

«Ese abogado me odia…», «Mi jefe me carga bronca», etc., etc.

Ya creo que está clara la idea. Hasta aquí, el principio nos evidencia que sufrimos de una terrible incapacidad de diagnóstico. No saber qué anda mal es malo en el plano personal, pero terrible en el plano profesional, porque solo tiene un nombre: incompetencia.

Pero la Navaja de Hanlon tiene más que eso.

Pongo un ejemplo autocrítico en mi empresa (Actualícese): al caerse el portal, la primera respuesta que me daba era «nos están hackeando», cuando seguramente lo que sucedió fue que un pedazo de programación no lo diseñé para altos niveles de tráfico. Por esto, a menos que pueda comprobar con mil bitácoras de websites de China, la India y de Cafarnaún atacándonos, no me admito la maldad de terceros («·nos están hackeando») como primera respuesta, y siempre asumo la alternativa: que no supe diagnosticar bien el problema.

Pero aquí viene lo más profundo: en caso de que sea verdad que estamos siendo atacados por un chino que seguramente no tiene idea de que existo, ¿por qué no me preparé para repelerlo? ¿Por qué nuestro código no admite la posibilidad de un alto nivel de acceso o incluso de un ataque, existiendo tantos mecanismos?

Por esto creo que la Navaja de Hanlon evidencia dos niveles de incompetencia:

El primario, que es cuando somos incompetentes por no saber diagnosticar, y atribuimos a la malicia –tal como dice el postulado– lo que puede ser un error, sea nuestro o de terceros.

Y el secundario, cuando descubrimos que realmente estamos siendo víctimas de la maldad de otro, en el que la incompetencia queda clara porque no supimos preverlo.

No sé cuál es peor.

 


Nota: la imagen es de la maravillosa Jessica Hagy. 

 

Treasure chest sinking in water. Image shot 2010. Exact date unknown.

2 Ago 2017

El Costo Hundido (o del por qué deberíamos ser más animales tomando decisiones)

Resulta que no nos arriesgamos a tomar decisiones tanto por el futuro que esperamos, sino por el pasado de cargamos.

Y este fenómeno tiene nombre: la falacia del Costo Hundido.

Es la falacia que nos hace quedarnos tres horas sentados viendo una película a pesar de que desde la primera media hora sabíamos que era mala. «¿Cómo me voy a ir si ya pagué por las entradas y llevo invertida media hora de mi vida sopor-tándola?» (el guión es a propósito).

Es la misma rutina mental que no nos deja despedir a ese empleado que no da resultados a pesar de que lo escogimos por su extraordinario potencial, porque quedaríamos mal con el jefe ya que su contratación fue nuestra responsabilidad, y además llevamos tres meses entrenándolo («pero jefe, seguro que algún día…»).

Es la que nos hace insistir en seguir pagando una campaña muy cara en un producto que no se vende.

La que no nos deja cambiar de carro a pesar de (y debido a) todas las reparaciones que le hemos hecho.

La que no nos deja tomar decisiones arriesgadas.

La que no nos deja decidir.

La razón  por la que los animales no sufren de la parálisis por análisis y se lanzan a lo que quieren, ya que a los humanos nos pesa más el miedo a perder que las ganas de ganar.

Algunas veces deberíamos poder ser más animales, y permitirnos dejarnos llevar por el futuro sin las cadenas (mentales) del pasado.

Mucha veces, ignorar el costo hundido es el camino.


Notas:

  • El término «Costo hundido» me parece horriblemente literal. Debería haber un nombre mejor en español, como «Costo Asumido» o «Costo Irreversible». Se reciben mejores traducciones. 
  • Más información sobre el Costo Hundido.
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1 Ago 2017

El arte del autosabotaje

No es una decisión consciente, ni se puede planear.

La procrastinación, la indecisión y la autoindulgencia son el veneno del hombre capaz.

Uno puede sentir la pena en el alma al verse a sí mismo como una persona con talento y capacidad transformadora, pero sin hechos, incapaz de evitar dilatar la gratificación.

Pero hay una forma: así como este autosabotaje no se planea conscientemente, hay que cogerlo por sorpresa. Uno sabe cuando hay suficiente ilustración sobre un concepto, suficiente diagnóstico sobre un problema. Uno sabe cuando está en parálisis por tanto análisis. En ese punto…

Haga, no anuncie.

Haga, no planee.

Haga, no decida.

Haga.

Pero ya.

 

The Dying Valentine Gode-Darel – Ferdinand Hodler, 1912

30 Jul 2017

Obituario para el hombre decente

Hace unos días escribí una historia enmarcada en la escencia del Ubi Sunt, una figura transversal a muchos escritos del medioevo en la cual se medita acerca de la mortalidad y la trascendencia de la vida, y cuya forma más común es algo como «¿a dónde fueron los que estuvieron antes aquí?» y «¿a dónde se fue la alegría?».

Hoy, este motivo es palpable en un sentimiento que subyace en el pensamiento de los que observamos atónitos cómo la mentira y la corrupción es la nueva normalidad en la forma como se practica la política, tanto a nivel local como global. Nuestro nuevo Ubi Sunt es ¿a dónde se fueron los hombres decentes?.

¿Queda esperar algo de ética de parte del indecente?

Hace un par de días vi un video compilatorio de todas las veces que un político local había dicho, de todas las formas posibles, que las acusaciones que se le hacían por corrupción eran un montaje de sus opositores, una vil canallada de sus enemigos políticos; lo hacía mirando directo a la cámara, convencido y convincente. Unas semanas después lo escucharíamos confesar ante un juez su concusión en un entramado multimillonario nauseabundo, confesión en la cual incluyó delación a sus asociados, a los que antes defendía como «víctimas, como yo, de una terrible persecución» y ahora delataba como cómplices.

Me parece importante entender qué pasa por la cabeza de alguien que es capaz de mentir así. Lo que creo es que el mero principio de lo que llamamos decencia no les importa. La indecencia hace parte de su espíritu, de su sustancia como individuo; aunque en el espíritu liberal que flota en nuestros días nos permite admitir cierto grado de amplitud en opiniones frente a conceptos morales, la línea de la decencia trasciende el concepto de la moralidad del individuo y permite la irrupción del contrato social en su esfera ética, sobre todo cuando este ostenta una figura de poder.

Corruptio optimi pessima: la corrupción de los mejores es la peor tragedia

La historia humana está plagada de claros (y muchos) ejemplos en donde el ejercicio del poder pareciera demostrar, por inferencia estadística simple, que es ajeno a la integridad. Y ahí es donde radica la tragedia: de quienes dominan esperamos dominio de sí mismos, que pareciera es justo lo que no tienen. Una vez se prueba un sorbo de corrupción, pasa como un lobo que ya probó sangre humana, y el límite que antes había, porque los que elegimos creer que el hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe también creemos que en algún momento hubo un límite, se va desplazando poquito a poquito.

Pero tengo esperanzas: hemos sobrevivido como especie épocas más oscuras y más violentas. Los procesos civilizadores que ahora dan a gran parte de la humanidad agua potable, un techo seguro, algo de consciencia frente a los desprotegidos y las minorías y cierto control al ejercicio público pueden que nos lleven lentamente al destierro de la corrupción y al regreso de la decencia. El fastidio que nos causa la indecencia y el hartazgo de la perversión puede que nos lleve como especie a generaciones que no desplacen sus límites tan fácilmente como la nuestra y las que nos antecedieron.

Por ahora, seguiremos de pié, frente a un paciente terminal, recitando como en una orazión el Ubi Sunt de nuestros días: ¿a dónde vas, hombre decente?, resistiendo y esperando.


*La pintura que ilustra este artículo se llama The Dying Valentine Godé-Darel, de Ferdinand Hodler, simbolista suizo, 1914. 

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28 Jul 2017

Estar en el lugar (y momento) equivocado

«Solo estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado», nos decimos para consolarnos después de un error en el que las causas se las podemos atribuir a los demás.

¿Y si nos vuelve a caer el rayo, como a Roy Sullivan –»el pararrayos humano»– quien recibió siete?

Eso puede ser por dos cosas:

Una. Somos proclives a estar en el lugar correcto en el momento equivocado.

Dos. Somos unos sobrevivientes. Y como Sullivan, preferimos llevar la cuenta de las veces que no nos ha golpeado un rayo e insistimos, porque ese lugar y ese momento son importantes para nosotros.

Y esas condiciones no son excluyentes.

Microcuento

27 Jul 2017

Ubi sunt

Durán era el herrero encargado de reemplazar las herramientas de los albañiles que construían el lado norte de la catedral. Ni en Estorga ni en lugar alguno de la Maragatería había alguno tan habilidoso desde que el cambio de siglo lo dejó sin competencia, aniquilando a los dos maestros forjadores con un ántrax maligno que se llevó a un cuarto de la población de León. De su profesión, solo quedó un ayudante mudo, Froilán.

Durán lamentaba cada día los tiempos que le habían tocado, porque sabia que siempre antes había sido mejor. Hacía ya un par de siglos había cambiado el milenio, y ninguna de las promesas de los santos ni de los demonios se había materializado; ni el Jesús del Gólgota había renacido para acabar la iniquidad, ni el Lucero del Alba venía a reclamar su reino en medio de la corrupción de aquellos días.

Mientras fraguaba el molde para el fuste de alguna columna, se quejaba:

– Dime Froilán, después de todos estos años, de las revoluciones aplastadas y de tanto opresor triunfante, ¿dónde está el que nos eximiría de los reinos temporales y que según Él fracturaría la iniquidad? ¿a dónde fueron las promesas de vaciar de sangre los libelos del poder a nosotros los pobres?

Durán podía ser dramático en su queja.  Mientras el mudo descargaba un martillo sobre un yunque al rojo vivo, continuaba:

–Si el dolor de los pobres es solo una mueca fatua para el noble, ¿qué podemos esperar de más altos poderes, sean divinos o malignos? ¿para qué la fe, sino para alimentar vanidades y al poder? ¿qué esperan para venir a reclamar su reino quienes supuestamente se alimentan de nuestra oración, ah?

De pronto, el ayudante mudo habló:

– Solo debes tener paciencia. Aquí estoy, esperando mi tiempo, arrastrándome en los sótanos de las catedrales, guardándome para el tiempo en que recibas lo que bien has merecido.

– ¡Cállate, diablo, vuelve al fuego y déjame seguir hablando con el muchacho! –gritó Durán, ya advertido por los sacerdotes exorcistas de la firmeza con la que debía hablar a esos entes cuando se manifestaban en el muchacho.

El diablo dejó mudo otra vez a Froilán y siguió esperando su tiempo. Poco menos de un milenio después, bajo los cimientos de esa misma columna maragata, salió al mundo en la forma menos esperada.


Notas:

  • El tema de las catedrales me ha inquietado mucho por dos razones: al momento de escribir esto tengo en mi mesa de noche «Los pilares de la tierra«, de Ken Follett (en donde el protagonista es un constructor de catedrales en un ambiente medieval); y en este año he visitado al menos quince de ellas como parte del peregrinaje a Santiago de Compostela. El tema me persigue y me he dejado alcanzar.
  • El Ubi Sunt como «motif» se refleja en la queja de Durán. Es un concepto muy interesante para explorar en distintas formas.  Casi un milenio después, persistimos en él. 
  • Otro enfoque interesante para explorar es el de la permanencia del demonio en los cimientos de las catedrales, sobre todo en la de Astorga (nombre actual) y León: las figuras paganas y que mostraban al demonio fueron sacadas de las catedrales por orden papal hace un par siglos y confinadas a los museos que hay en los pisos inferiores. Entrar a esas mazmorras es ver un universo distinto y sobrecogedor lleno de diablos, criaturas y personajes deformes que hacen palidecer las descripciones de Dante, El Bosco o Goya.
TuRevisorFiscal

26 Jul 2017

Gastos de Vigilancia – @TuRevisorFiscal

Esta es una de las caricaturas del libro de un personaje que creé hace algunos años para hacer un poco más amable las comunicaciones de Actualícese con el Contador Público, nuestro público objetivo.

Su presencia en las Redes Sociales fue un éxito rotundo: en solo 6 meses obtuvo en Twitter más de 13 mil seguidores, y en Facebook más de 12.000.

Pero en ventas (saqué un libro con la compilación de muchos de sus chistes) las cifras fueron penosas. De hecho, cada vez que alguien me dice que lo compró, le pregunto «¡Ah, entonces fuiste tú!». 😉

Al parecer, este tipo de personajes tan casuales generan dinero en un esquema de desarrollo de negocios profesional, y no lo hace como un esfuerzo ocasional. La consistencia, como siempre, es el factor determinante.

–¿A cuánto el caballo?
–No se vende
–Pero tiene código de barras
–Es una cebra
–Por eso, ¿se vende o no?

— TuRevisorFiscal (@TuRevisorFiscal) October 31, 2013

–Estamos muy insatisfechos con su rendimiento en el trabajo
–¿Y para decirme eso me tuvieron que despertar?

— TuRevisorFiscal (@TuRevisorFiscal) April 25, 2016

Consejo para Contadores: siempre lleven un vaso de plástico en la mano para aplastarlo dramáticamente cuando nos dan malas noticias.

— TuRevisorFiscal (@TuRevisorFiscal) October 18, 2013

–¡Jefe! ¿Por qué este mes me consignaron menos?
–Porque el mes pasado te pagamos de más, y no dijo nada…
–¡Hombre, un error lo paso, dos no!

— TuRevisorFiscal (@TuRevisorFiscal) April 28, 2016

¡Encontré el pintalabios perfecto para regalarle a la de Recursos Humanos! pic.twitter.com/KOW2T1nqbO

— TuRevisorFiscal (@TuRevisorFiscal) October 24, 2013

El personaje sigue ahí…. y quién sabe qué pasará en el futuro con él. Amanecerá y veremos.

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Captura de pantalla 2017-07-26 a la(s) 6.27.24 p.m.

25 Jul 2017

La realidad es una alucinación colectiva

Según Anil Seth, la realidad es una alucinación colectiva. Es una cuestión de cómo está alambrado nuestro cerebro, y de cómo reaccionamos ante los estímulos: cuando nos ponemos de acuerdo en algo, le llamamos a esa coincidencia «realidad».

Es un interesante planteamiento.

Siguiendo esa idea, cuando creamos cosas estamos haciendo que un grupo específico de personas se alineen con una realidad que inicialmente solo vive en nuestro cerebro. Y hacerlas coincidir no es cuestión única de cómo la planteemos, sino como la vendemos.

Así, hay más razones para creer que una idea no solo tiene valor por sí misma, sino por la forma como la presentamos.

Por la forma como hacemos alucinar a los demás.


Punto aparte.

Me encantó el planteamiento inicial de la charla, en la cual habla sobre la anestesia: «es una nueva forma de magia, que convierte personas en objetos». Y el elan vital. Y el concepto sobre la forma como activamente generamos el mundo.

En fin, recomiendo darle un vistazo…

«‹ 7 8 9 10›»

Soy Juan Fernando Zuluaga, empresario colombiano en la industria del conocimiento y la tecnología (y últimamente en el sector cultural y gastronómico). Escribo sobre vida empresarial, innovación, mercadeo, algo de arte y muchos cuentos.

Aquí está mi última compilación de cuentos.

En este lugar pongo mis notas: ideas de negocio, pensamientos en borrador, pedazos de ensayos, citas a trabajos de otros y pequeños relatos (publicados y sin publicar).

Si le gusta un cuento, por favor cuénteme por alguna red social; o si alguna idea de negocios le produce dinero, me debe un café. En eso soy irreductible.

Aquí hay una reseña más amplia.


Archivo

Juan Fernando Zuluaga C. - Director Ejecutivo de Actualícese - Centro de Investigación Contable y Tributaria