Aprendiendo a fracasar

Aprendiendo a fracasar

Cuando un salón de conferencias se convirtió en un paredón

“imagíneme con cara de asustado incendiando con un soplete una pila de billetes”

Recuerdo que en esa sala de conferencias había unas doscientas personas cuando inicié la presentación final de mi proyecto, en un tiempo que tenía una empresa de desarrollo de software; en la audiencia veía rostros conocidos, y a medida que llegaban les saludaba con la familiaridad que daban más de seis meses de convivencia con el equipo de trabajo gubernamental de un Ministerio, mi cliente en esos momentos. Empecé confiado a presentar y entregar mi producto, feliz de terminar mi proceso de implantación. Media hora más tarde la misma audiencia había arrasado, despedazado y demolido mi proyecto… para hacerlo más gráfico, imagíneme con cara de asustado incendiando con un soplete una pila de billetes, que en términos figurados fue lo que hice al estropear tan importante proyecto. Eso no fue lo único: unos meses después, a este fracaso le siguió mi compañía que había dado empleo a más de 40 personas, había desarrollado más de un millón de líneas de código y creado un producto que se alojaba en las redes empresariales de 7 de los conglomerados del TOP 20 empresarial en Colombia de la última década del milenio pasado.

El fracaso es malo, no voy a entrar a justificarlo o dar explicaciones metafísicas que minimicen la frustración que sentimos al experimentarlo. Pero si hay algo peor que fracasar es no aprender de él.

“cambió el entorno y no estaba preparado para ello”

En el proyecto que contaba arriba no logré comprender que el entorno en el que me movía había algo de política y mucho de miedo al cambio; así, cuando en la semana anterior a mi presentación se llevó a cabo un cambio en el Ministerio, un cambio político, todas las personas que habían aceptado mis puntuales entregas ahora no estaban, o simplemente, al verse en la necesidad de justificarse ante su nuevo jefe, habían cambiado de opinión. Claramente cambió el entorno y no estaba preparado para ello.

Primera lección aprendida: el mercado objetivo puede cambiar de opinión en cualquier momento.

Hay que tener monitoreadas las variables que le permitan a uno percibir cualquier cambio en el ánimo del mercado, y en eso la clave es la adaptabilidad. Una estrategia de negocio debe, TIENE que ser adaptable a condiciones distintas en el entorno, lo cual traduce, en nuestro viejo sistema de análisis DOFA (Debilidades-Oportunidades-Fortalezas-Amenazas), en que la debilidad de todos lo que desarrollamos cosas radica en la dependencia que generemos de los agentes externos.

La segunda lección: la cultura emprendedora karaoke

“”la cultura emprendedora karaoke”: intentar seguir al pié de la letra lo que otros han inventado, imitar sin pensar lo que a otros ha funcionado, no entender que seguir el guión de un genio no nos hace geniales”

La segunda lección de ese fracaso fue el haber seguido lo que podemos llamar ”la cultura emprendedora karaoke”: intentar seguir al pié de la letra lo que otros han inventado, imitar sin pensar lo que a otros ha funcionado, no entender que seguir el guión de un genio no nos hace geniales.

El hecho de que YouTube sea un éxito, no quiere decir que yo pueda reproducir su experiencia sin hacer cambio alguno y experimentar la misma victoria. Yo intenté seguir la letra y la música de otros en un negocio que necesitaba innovación y creatividad. Metí la pata, con la diferencia que al que canta mal en aquel bar karaoke un jueves en la noche lo reciben con risas y burlas amistosas en su mesa. A mí me recibió el duro asfalto del fracaso empresarial.

Dos lecciones finales:

Debemos desarrollar resiliencia, que es la capacidad de permanecer en la lucha a pesar de los fracasos, la capacidad de levantarse ante las caídas.

Y no olvide que los únicos que no se equivocan son los que no hacen nada.

Apuntar a las estrellas para llegar al cielo

Apuntar a las estrellas para llegar al cielo

“emprender, fracasar, sobreponerse, aprender y repetir”

Levantarse todos los días a trabajar es suficientemente duro como para que, además, lo hagamos sin un propósito más alto que sobrevivir o ganar dinero. Iniciar un negocio, perseverar en una idea, vivir los momentos duros y celebrar los triunfos con la certeza de que a la mañana siguiente debemos levantarnos con la resaca de la felicidad pero la consciencia de que se inicia un nuevo día con la cuenta otra vez en cero: emprender, fracasar, sobreponerse, aprender y repetir… y para los días  de bonanza emprender, triunfar, dejar de levitar, aprender y repetir.

La misión y el propósito no necesariamente son corporativos: deben hacer parte integral de nuestra práctica personal si no queremos aburrirnos y mandar todo para la porra.

A los empresarios se nos critica muchas veces por no saber diferenciar la vida personal de la vida profesional. Las horas de sueño se nos trocan, dejamos a un lado algunas cosas también importantes, como el deporte y los amigos, y en casos extremos –pero no por ello poco comunes– nos aislamos en el quehacer de nuestras nacientes empresas. Todo eso es terrible, lo sé, y no voy a excusarlo; lo que podemos hacer es usarlo a nuestro favor: si tan fundidos estamos en nuestra visión empresarial, ¿por qué no le insertamos al negocio un poquito del sentido del propósito que ahora tiene nuestra vida?

“Los negocios con sentido del propósito son los que perduran”

Los negocios con sentido del propósito son los que perduran: la misión de Google es darle orden a la información del mundo; la de Facebook es dar poder a la gente para hacer un mundo más abierto y conectado; Microsoft quiere que todos los seres humanos alcancen su potencial; Wal Mart dice ayudar a la gente a ahorrar dinero para que puedan vivir mejor; Toyota quiere construir una sociedad más próspera a través de la industria automovilística; Monsanto, la multinacional de los alimentos, pretende combatir el hambre rural.

“muchas  de las empresas más grandes del mundo aplican este principio: apuntar a las estrellas para llegar al cielo”

¿Ya notó el patrón?  Los ejemplos anteriores son de compañías cuyo objetivo no se centra únicamente en “ser los mejores del mercado” o “crear valor financiero para nuestros accionistas”: estas megacorporaciones quieren cambiar el mundo (que lo hagan o no es harina de otro costal). De hecho, si hace la tarea y revisa sus misiones corporativas, encontrará que muchas  de las empresas más grandes del mundo aplican este principio: apuntar a las estrellas para llegar al cielo.

Ese sentido del propósito es fundamental, no solamente para que la empresa sobreviva a toda la andanada de circunstancias con las que viene el día a día y que nos hacen replantear planes de negocio con la velocidad que cambiamos de camisa, sino para darnos más alientos al despertar. Cuando sabemos que nos levantamos a trabajar no solamente por un beneficio personal, sea económico o de realización profesional, sino por una misión más alta, más ambiciosa que nosotros mismos, el sentido del propósito que trae ese nuevo convencimiento es insuperable.

El famoso director creativo Roberto Wong, dice que Google se guía bajo los principios de las 4 p’s: propósito, gente (people), productos y procesos. En ese orden, recalca Wong: sin propósito no habrá bases que fundamenten ninguna empresa, ni habrá razones que persistan al influjo de tiempo y las adversidades que nos hagan levantar felices cada mañana a trabajar y soñar.

El Trilema: Bueno, Barato o Rápido

El Trilema: Bueno, Barato o Rápido

Si un dilema nos plantea la necesidad de escoger entre dos opciones, y ya es confuso, un trilema es peor aún, porque solo podemos escoger dos de tres.

Por ejemplo, no podemos pedir una sociedad justa, libre y equitativa: si es justa, los que trabajen más ganarán más; si es libre, los padres heredarán a sus hijos su fortuna, así estos no se lo merezcan; y si es equitativa, todos iniciaríamos nuestra vida con la misma cantidad de dinero. Solo dos de estas opciones pueden convivir: si una sociedad es libre y justa, no será equitativa; si es justa y equitativa, no será libre; si es libre y equitativa, no será justa. Que entre el diablo y escoja, porque nosotros no nos hemos podido poner de acuerdo.

Ahora, la vida de los negocios plantea un reto más o menos parecido que nos ha tocado vivir a empresarios, emprendedores y en general a todos los que prestamos servicios a cambio de dinero: el trilema entre bueno, barato y rápido. No creo que sea necesario ahondar más, porque la figura que ilustra este artículo deja el asunto más o menos claro respecto a las opciones que podemos dar a quienes nos compran nuestros servicios.

La delgada línea

“si nuestro cliente quiere nuestro producto o servicio rápido y barato, debería buscar en otra parte”

Lo que creo que es importante es recalcar la necesidad de pararse en la raya, y evitar la tentación de contemplar la posibilidad de permitirse ofrecer la última opción del trilema:si nuestro cliente quiere nuestro producto o servicio rápido y barato, debería buscar en otra parte. Y la razón está en nuestra condición humana, tan ingenua, ambivalente y proclive a las falsas esperanzas: si uno ha pagado algo, así sea barato, y así nos hayan advertido hasta la saciedad que si hubiéramos pagado más podríamos recibir algo de mejor calidad, no dejamos de decepcionarnos cuando se rompe, o no funciona, o no presta el servicio que nuestra ilusión (y falta de presupuesto) compró.

Y esa decepción es veneno puro para cualquier emprendedor: la marca del producto sufre con este tipo de decepciones y sería irrelevante si el asunto se quedara así. Pero estamos en el mundo de las redes sociales, en donde las hormigas tienen megáfonos, en donde cualquiera que susurre una decepción cuenta con un aparato de perifoneo digno de payaso del centro, que hará enterarse de ella a mil más.

“si un cliente ama su producto le contará a cuatro amigos; si lo odia, a dieciseis”

La sabiduría popular empresarial ha acuñado la Regla del Cuatro: si un cliente ama su producto le contará a cuatro amigos; si lo odia, a dieciseis (cuatro al cuadrado). ¿Valdrá la pena el riesgo?

Pero si repasamos las otras dos opciones vemos que hay formas más elegantes de quedarnos con el cliente.

¿Qué alternativas ofrecer para evitar el trilema?

Si le ofrecemos una solución rápida y de buena calidad, siempre podremos idear un esquema que combine el precio con formas de pago para que la compra sea factible desde el punto de vista finnaciero. Créame, si un gerente recibe una propuesta de solución buena y rápida, no tendrá reparos en pagar un poco más si además la propuesta se alinea con lo que piensa recibir en beneficios al mediano plazo. Y si le ofrecemos una solución económica y buena, sería muy inteligente combinarla con un cronograma de entregas que alivie la presión de tiempos de su cliente.

Eso sí, jamás de los jamases contemple la posibilidad de dar algo menos que excelente, porque su siguiente trilema será la bancarrota, la liquidación o la deshonra.

Emprender sin morir en el intento – Artículo para la Revista El Clavo

Emprender sin morir en el intento – Artículo para la Revista El Clavo

Este es un artículo que escribí para mis amigos de la Revista El Clavo en su edición de Septiembre de 2014

Cualquiera puede iniciar una empresa: lo difícil es hacer que dure. Y más difícil aún es volverla rentable.

El bicho del emprendimiento pica a todo colombiano al menos una vez en la vida. Creamos empresas de la nada, ya sea para vender arepas en una esquina o para montarle la competencia a Mark Zuckerberg, influenciados por una combinación de factores: necesitamos dinero, no aguantamos tener jefe o tenemos un sueño.

“es imprescindible que el esfuerzo de la romántica idea inicial tenga respaldo en una estrategia empresarial realista”

Lo que pocos saben es que menos del 20% de los emprendimientos sobreviven al primer año. Del porcentaje restante, menos de un tercio sobrevive al tercero, lo que deja claro que es imprescindible que el esfuerzo de la romántica idea inicial tenga respaldo en una estrategia empresarial realista; una que no se quede en rayones en servilletas y esté orientada en cómo hacer que esa nueva cuenta corriente engorde. La noticia buena es que ya muchos hemos pasado por eso y tenemos unos cuantos tips para compartir; la mala es que nadie puede hacerlo por usted.

“Lo importante no es tener respuestas, sino hacer las preguntas correctas”

Lo importante no es tener respuestas, sino hacer las preguntas correctas. Hace algunos meses fui invitado por una entidad del gobierno, que promueve el emprendimiento, a hacer parte del jurado de una convocatoria de jóvenes empresarios con ideas; y no se imaginan cuántos muchachos querían inventarse de nuevo YouTube, Foursquare o Waze.

La pregunta que siempre fallaban era “¿En el mercado ya existe algo parecido?”. Y los que tenían ideas realmente originales se veían a gatas para contestar “¿Y cómo piensa generar utilidades?”. Nuevamente, el truco está en hacerse las preguntas correctas al iniciar, así que a continuación recopilaré algunas de las que me hago siempre que me reúno con mi equipo de trabajo a crear productos o idear nuevas formas de generar ingresos…

Al investigar: repetir “¿por qué?” 5 veces

Esta idea la recibí de mi padre y nunca dejo de practicarla porque sirve para todo: siempre que quiera llegar al fondo de un asunto, pregúntese 5 veces “¿Por qué?”. Haga el experimento, no necesariamente con una idea empresarial sino con cualquier cosa: política, religión o algo que no comprenda. Si no abandona al segundo “¿por qué?”, encontrará respuestas interesantes que terminan revelando el verdadero fondo de las motivaciones de las personas. Y esto, al momento de investigar productos o servicios que queremos vender, es invaluable.

En serio, haga el experimento.

Al desarrollar un producto: 5W-2H

“5W-2H (en inglés what-why-when-where-who-how-how much) permite explorar los mercados de forma exhaustiva”

Esto lo aprendí de Carina Bark, una experta consultora sueca con la cual tuve la fortuna de trabajar: la metodología de responder las 5W-2H (en inglés what-why-when-where-who-how-how much) permite explorar los mercados de forma exhaustiva y es el principal filtro de ideas sin futuro. El problema del emprendedor no es su capacidad de generar ideas sino su incapacidad de desechar 9 de cada 10 que se le ocurren.

Por ello, al momento de desarrollar un producto responda:

  1. ¿En qué consiste?;
  2. ¿Por qué (y para qué) alguien lo compraría?;
  3. ¿Cuánto tiempo tomará sacarlo al mercado?;
  4. ¿En dónde lo distribuiremos?;
  5. ¿A qué nicho específico está dirigido;
  6. ¿Cuánto costará hacerlo y cuánto le costará al usuario?; y finalmente,
  7. ¿Cómo lo haremos?.

No es sencillo ni rápido responder todas estas preguntas pero con perseverancia es posible y… afrontémoslo: crear una empresa es fácil. Lo difícil es sostenerla.

Revista El Clavo - Artículo de Juan Fernando Zuluaga - Septiembre de 2014

El futuro nos quedó debiendo mucho – Mi aporte en la Cena 2014 VallenPaz

El futuro nos quedó debiendo mucho – Mi aporte en la Cena 2014 VallenPaz

Cada año, la corporación Vallenpaz lleva a cabo su cena anual en beneficio de los agricultores y campesinos del sur de Colombia. En esta ocasión, me invitaron para ser su Maestro de Ceremonias, en compañía de la maravillosa chef Catalina Vélez. Francamente, me quedo sin palabras para describir la emoción que sentí aquella noche y el bonito recuerdo con el que quedé. Como parte integral de mi “trabajo”, debía decir unas palabras…

El título de mi intervención fue “La deuda del futuro con nuestra generación”…

Aquí hay algunas fotos del evento


Y esta fue mi intervención…

Mis primeras palabras en esta cena fueron “Bienvenidos al futuro”. Y creo que muchos de mis compañeros de generación podemos estar de acuerdo en que el futuro que estamos viviendo es completamente distinto al que soñamos… ninguno de nosotros vio venir Internet, Facebook, Skype o WhatsApp ni el uso que le damos ahora.

Pero pregunto… ¿no sienten ustedes, como yo, que el futuro nos quedó debiendo muchas cosas? 

“Todos estábamos convencidos que en el año 2000 los carros iban a volar”

Los de mi generación nos levantábamos en la mañana de los sábados a prender el televisor y ver un largo capítulo de El Auto Fantástico…
Automán (nos quedaron debiendo a “cursor”), y un poquito después, los Supersónicos. Todos estábamos convencidos que en el año 2000 los carros iban a volar, y que podríamos ir de un lado al otro con una mochila con turbinas. Seguro que si viajáramos en el tiempo y pudiéramos contarle sobre esta cena a aquel niño que ocupaba nuestros zapatos, su pregunta hubiera sido… ¿y cuántas Robotinas servirán la cena?

Pero posiblemente lo que más le podemos reclamar al futuro que nunca llegó, y que es una deuda que no ha podido saldar, es la paz.

Si pudiéramos viajar un poco más hacia el pasado, digamos que al año 1900, habría dos cosas que no podríamos explicar a nuestros antecesores… la primera, no sé cómo podría explicar que llevamos en nuestros bolsillos unos aparatos que están conectados a la más vasta red de conocimientos que el mundo ha conocido, ¿y qué uso le damos? Pues nada más ni nada menos que para aceptar invitaciones a grupos de WhatsApp y para ver memes de gatos y políticos.

“por qué a estas alturas nos seguimos matando entre nosotros y aún hay gente que tiene hambre”

La otra espor qué a estas alturas nos seguimos matando entre nosotros y aún hay gente que tiene hambre.

Por ello creo que a alguien del pasado podemos darle una buena noticia: a esta altura de nuestra historia, está estadísticamente comprobado que nos estamos volviendo mejores seres humanos. Estamos mejorando lenta pero consistentemente…

The Economist, posiblemente la publicación semanal más respetada del mundo, pronostica que para el año 2025 la violencia involucrada en los crímenes contra la propiedad desaparecerá tal como la conocemos hoy. Traducción: no nos matarán por robarnos. La razón, según lo plantean un par de Premios Nobel de la Economía, es que la tecnología cambió completamente el panorama… no solo las cámaras, las alarmas y tecnologías desarrolladas para la protección de nuestros bienes evolucionarán para desincentivar la violencia, sino que las fuerzas del orden estarán cada vez mejor equipadas para contrarrestar a los tontos que no saben de evolución e insisten en seguir el mal camino.

Steven Pinker, un renombrado investigador autor de un estudio de más de mil páginas sobre el declive de la violencia y sus implicaciones, afirma, basado en cifras y estadísticas completísimas –escúchenme bien…

“Aunque parezca mentira –y la mayoría de la gente no lo crea-, la violencia ha descendido durante prolongados periodos de tiempo, y en la actualidad quizás estemos viviendo en la época más pacífica de la existencia de nuestra especie”.

Ya les vi la cara, pero las cifras son tozudas: en su libro Pinker nos hace caer en cuenta que ahora es noticia algo que era cotidiano hace algunas décadas, como la violencia contra la mujer o el maltrato a un niño.

No estamos cerca, pero nos estamos acercando.

Nuestros estándares, no los de los malos, los estándares de la gente buena como ustedes o como yo, han venido elevándose cada vez más, y gran parte de ello se debe a que tenemos ahora la posibilidad de hacer catarsis y difundir cualquier atrocidad con más velocidad que cualquier otra generación anterior… todo esto gracias a la tecnología. Resumen: cuando vean a ese amigo que no hace sino quejarse en Facebook, no lo ignoren, denle Like… ese señor en el medioevo hubiera arrasado con dos o tres aldeas.

Amigos, escúchenme bien…nos estamos convirtiendo en mejores personas, y la tecnología nos está ayudando.

Y les voy a poner un ejemplo de esto: si les pido ahora que piensen en un superhéroe, ¿a quien mencionarían? ¿a Superman? ¿al Hombre Araña? ¿a Batman, la Mujer Maravilla?

Hoy hablemos de otro…

En el año 2014 se cumplieron 100 años del nacimiento de uno de los más grandes superhéroes de la historia, un hombre que salvó a mil doscientos millones de personas: su nombre, Norman Borlaug. Este ingeniero agrónomo logró alterar genéticamente al trigo para que creciera mucho más, fuera más resistente a las plagas y más nutritivo… esta innovación tecnológica (porque todo lo que es tecnología no necesariamente tiene que ver con computadores) salvó de la hambruna a más de un billón de indios y pakistaníes. Ni más faltaba, le dimos un premio Nobel de la Paz y lo tiramos al cajón del olvido… ¿o cuántos de nosotros se enteró de su existencia, o incluso, de que murió hace tan poco?

“cada vez nos estamos volviendo mejores”

Este héroe demuestra que cada vez nos estamos volviendo mejores, porque con su regalo a la humanidad Borlaug llevó paz a una región que era un hervidero de violencia, una bomba de tiempo social que estaba a punto de explotar. Hoy podemos decir que hubo un país al cual los alimentos y la tecnología le llevaron paz.

“aquellos que hoy nos hacen daño, ayer fueron niños que no soñaban con ser lo que son”

Este lento pero consistente proceso de mejoramiento nos trae esta noche aquí, amigos… porque si ya tenemos claro que la tecnología y los alimentos llevan paz a los pueblos, también es cierto que en el centro mismo de esa evolución está su motor fundamental, la condición suficiente y necesaria para nuestro progreso: hombres y mujeres inteligentes y con bondad en su corazón, que le apuestan a la innovación porque saben que aquellos que hoy nos hacen daño, ayer fueron niños que no soñaban con ser lo que son.

Hoy agradecemos su presencia, porque hombres y mujeres inteligentes y con bondad en su corazón, como ustedes, son quienes no solo hablan, sino que actúan para dar una oportunidad al campo donde crecen esos niños, y saben muy bien que con sus acciones están dando una oportunidad a la paz, y con ella, a un futuro que ya no nos quedará en deuda.

Bienvenidos de nuevo, bienvenidos de nuevo al futuro.

Estamos enriqueciendo a políticos y no a los científicos y maestros

Estamos enriqueciendo a políticos y no a los científicos y maestros

(Estas son unas notas sueltas para un ensayo en construcción…)

Hay dos tipos de personas que no nos molesta que sean ricos: quienes nos curan y quienes nos hacen más inteligentes. Hay una tercera categoría -quienes nos entretienen- pero en mi concepto es una anomalía económica de nuestros tiempos (nunca un juglar fue millonario), así que no me referiré a ello ahora.

“nuestro sistema está diseñado para transferir riqueza solo a quienes saben cómo maniobrar en él”

El problema es que nuestro sistema está diseñado para transferir riqueza solo a quienes saben cómo maniobrar en él, principalmente políticos y comerciantes, dejando por fuera a quienes son los gestores de bienestar primario: los médicos, los científicos y los maestros.

No sé a ustedes, pero a mí no me molestaría ni poquito que el pediatra que trata a mis hijas llegue en su BMW, de buen humor y sin angustias, de tal forma que su atención sólo esté centrada en su paciente y en su permanente capacitación profesional. Me aterra la idea de que mi cardiólogo esté preocupado por sus cuentas mientras me hace una cirugía de corazón abierto, y ojalá hubiera dormido mucho la anoche anterior y esa mañana hubiera desayunado mientras lee el último estudio de laboratorio que indica que mi operación puede ser mucho menos dolorosa si utiliza la técnica X, descubierta recientemente por un médico igual de feliz y relajado que él en otra parte del mundo.

“La única preocupación de un maestro sin afugias económicas serían nuestros niños…”

Tampoco me molestaría ver llegar el profesor de matemáticas de mis hijas en una limosina, porque seguramente en el camino desde su suntuosa casa tuvo tiempo de meditar sobre su nuevo experimento para hacer el álgebra más fácil, más cotidiana y menos acartonada. La única preocupación de un maestro sin afugias económicas serían nuestros niños… cómo hacerlos más inteligentes, más estructurados pero más soñadores, más atrevidos en el uso de su conocimiento para el beneficio de todos cuando les llegue su turno.

“Que nadie se enriquezca” no es una opción en la sociedad moderna. Alguien lo será, mientras haya quienes estemos dispuestos a pagar un poco más con tal de obtener algo de mejor calidad… y sin lugar a duda, la salud y la educación son algo por lo cual no me importaría trabajar más duro con tal de obtener lo mejor de lo mejor.

El sistema actual es defectuoso… y para poder que lleguemos a semejante utopía debemos ser más creativos e inteligentes. Y si no lo logramos, podemos echarle la culpa a las cuentas sin pagar de nuestros profesores, que nos quitaron la posibilidad de soñar fuera de los esquemas actuales y así dejar de enriquecer políticos y que los médicos, científicos y maestros estén en la punta de la pirámide.

Entrevista: Juan Fernando Zuluaga… Cuando el Conocimiento es Progreso

Entrevista: Juan Fernando Zuluaga… Cuando el Conocimiento es Progreso

Mis amigos de El Clavo me visitaron hace un par de meses para charlar un poco acerca de actualicese.com, su modelo de negocios y un poco acerca de mi experiencia alrededor de este asunto, y el emprendimiento en general. Este fue el resultado…

Click aquí para ver el Artículo de la Revista El Clavo

Aunque en el enlace se puede ver la entrevista completa, me he tomado el atrevimiento de transcribirla completa (como lo he hecho con algunas anteriores) debido a que, eventualmente, sus websites sufren transformaciones y los enlaces pueden perderse.

A continuación, la entrevista completa:

Haz click aquí para ver el artículo completo…

¿Quiere ganar una discusión? Pida a su contradictor que haga un plan.

¿Quiere ganar una discusión? Pida a su contradictor que haga un plan.

Cuando hay épocas electorales y el ambiente político está “crispado”, es normal que veamos posiciones extremas y fundamentos débiles en las partes enfrentadas. Y aunque es molesto, es normal que lo hagamos… los seres humanos tomamos una serie de “atajos morales” para poder explicar nuestra realidad y hacia dónde queremos que llegue.

Esto lo intenté delinear en unos cuantos trinos en mi cuenta de Twitter…

El asunto es que es posible saber el nivel de conocimiento que tiene alguien frente a un tema pidiéndole algo muy simple: trace un plan.

Muchos no lo pueden hacer, y esto se debe a la “Ilusión de la Sustentación Profunda“, estudiada por científicos en Yale. Funciona fácil…

Pongamos un ejemplo…

“creemos entender un problema, hasta que nos piden trazar un plan”

La cuestión es clara: usualmente creemos entender un problema, hasta que nos piden trazar un plan. Ahí descubrimos que nuestra posición está más sustentada en la fe y en aspectos subjetivos que en el análisis de los hechos y las realidades.

De hecho, si tuviéramos un conocimiento profundo de dichos hechos y realidades, podríamos trazar planes concretos.

 

Fuentes:

Mis preguntas al presidente Juan Manuel Santos sobre el Proceso de Paz y la impunidad

Mis preguntas al presidente Juan Manuel Santos sobre el Proceso de Paz y la impunidad

De nuevo, la Casa Editorial El Tiempo me invitó a participar en un Hangout con el hoy candidato-presidente Juan Manuel Santos, de cara al proceso de elección que se lleva a cabo en Colombia en el año 2014. Charlamos alrededor de una hora, y fue, como siempre, toda una experiencia.

¿En dónde traza usted la línea de lo inaceptable frente a las FARC?

Esta fue mi primera pregunta…

“Presidente Santos… usted dijo en Enero que esperaba que las Farc no cometieran un acto irracional como atentar contra una figura pública, pues (abro comillas) “el proceso de Paz estallaría en mil pedazos”(cierro comillas). Hace una semanas dos niños fueron usados en un atentado por parte de la guerrilla… ¿en dónde traza el presidente Juan Manuel Santos la línea de lo inaceptable?”

¿Cuál sería una pena justa para un desmovilizado de la guerrilla?

Y esta es la segunda pregunta que le hice al presidente (que tampoco quedé contento con la respuesta)…

“Una buena parte de los colombianos que quiere la paz tiene muchas dudas en apoyarla incondicionalmente por temor a que haya impunidad. El candidato Oscar Iván Zuluaga se ha atrevido a ponerle un número al mínimo de años que espera que un guerrillero pase en la cárcel para acogerse al proceso (6 ha dicho en varias entrevistas). Usted podría decirle hoy a esos colombianos indecisos cuál es su idea de una pena justa para un guerrillero desmovilizado?”

El video completo del Hangout puede ser visto aquí…

¿Por qué ganan los bullies?

¿Por qué ganan los bullies?

Los bullies ganan porque atacan justo a aquellos que están por fuera del sistema: a los relegados, los renegados y a los diferentes. Por eso el sistema premia a los bullies con relevancia social, en una consecuencia inesperada de la actitud pasiva de quienes lo administran.

“la primera responsabilidad del bullying es de los educadores”

Es por eso que la primera responsabilidad del bullying es de los educadores, porque son quienes están administrando la estructura social en la cual no cuadran las víctimas del acoso.

Quedan dos opciones: atacar el bullying o ampliar el sistema.

La primera es la elección usual: desde campañas educativas anti-bullying hasta sanciones ejemplares. El problema con esta aproximación es que debe ser un esfuerzo permanente, sin tregua, porque igual las recompensas sociales de ser el más fuerte, el que molesta a las ovejas que se alejan del redil, van a estar ahí. Cuando el ente educativo se descuide vuelven a entrar en acción las recompensas y el problema surgirá de nuevo.

“el sistema debe incluir, sin cambiarlos, a los relegados, a los renegados y a los diferentes”

La segunda opción es más compleja: en ella,  el sistema debe incluir, sin cambiarlos, a los relegados, a los renegados y a los diferentes. Que el sistema amplíe su espectro y permita que aquel que viste distinto, que no cuadra en la estructura social y en general a todos aquellos que son las potenciales víctimas se incluyan mediante su propia aceptación. Que su diferencia sea su orgullo y los demás lo sepan. Así, la recompensa social que obtenía el bully se perderá.

Obviamente la segunda opción es mil veces más difícil, pero educadores arriesgados e innovadores saben por experiencia que el camino no es la represión sino la educación.

Y en este caso quienes se deben re-educar no son los niños, sino los mismos maestros.