3 Oct 2022
Equinoccio
Conocí una ciudad. Una ciudad hermosa, con jardines bien cuidados, familias en los parques, semáforos que no detenían sino que hacían fluir la vida en las calles limpias.
Grandes espejos de cientos de metros de altura se levantan sobre la ribera de su río; museos vibrantes con valiosas obras y teatros con ópera y bailes; restaurantes que ofrecen especies animales que, aunque homónimas a las nuestras, me resisto a creer que son lo mismo porque saben distinto, saben mejor.
Conocí una ciudad que ríe a carcajadas y vive apasionada por un deporte del cual ellos entienden cosas que el resto del mundo no. Sus famosos escritores y artistas son orgullo nacional, y lo muestran en cada lugar.
Una ciudad que, aunque en crisis por décadas, es mejor que muchas metrópolis que crecen en miseria. Esta vivió la grandeza y la hizo perdurar.
«Ya hicieron todo lo que iban a hacer» me contestó una otrora habitante cuando le daba mi versión de su inmensa avenida principal; los monolitos, mausoleos, cenotafios y monumentos; los palacios que construyeron.
Fui en primavera, pero me aseguró melancólicamente que la ciudad estaba anímicamente en otoño.
«Ya hicieron todo lo que iban a hacer«, oh sentencia dura y posible.
Los logros de los primeros años pueden ser una vara alta para saltar; mantenerse no puede ser la consigna; soñar en ser mejor después de tener un éxito inicial estruendoso es imperativo para hacerle el quite a la decadencia.
Eso me hizo ver cosas sobre mi vida, mi profesión, mis sueños.
No me quejo, pero ese reflejo en esa ciudad fue aliviado cuando pensé que aunque se sienta otoño, vendrá otro equinoccio primaveral, con flores y escándalo.




4 Oct 2022
Suerte
En la comedia de Aristófanes, Cremilo encuentra que la desigualdad social es causada por la ceguera de Pluto, el dios de la riqueza:
El pobre de Cremilo concluye que la riqueza no ha sido repartida por merecimiento, virtud o inteligencia, sino por el mero azar, y se lanza en una aventura para devolverle la vista a Pluto.
Milenio y medio después, con miles de experimentos sociales, con décadas, siglos y milenios de pruebas en diversos modelos económicos, se reafirma su conclusión: la repartición de la suerte es aleatoria.
Recordemos esta respuesta del Nobel de Economía en 2013:
«Es el resultado del trabajo duro», es la respuesta inmediata. No, no lo es, ya eso ha sido estudiado.
Es un hecho estadístico: por cada historia de un millonario hecho a pulso, que aprovechó oportunidades, fue arriesgado y rompió los moldes, hay cientos de historias desconocidas de gente que hizo lo mismo y no le funcionó. Y por cada persona virtuosa que llegó a la fortuna, hay otras tantas que sin virtud también la lograron.
La cosa es que no es muy cortés decirle a un rico que su fortuna la logró por suerte. Y si eres el rico, es desmoralizante e inaceptable. La suerte parece un insulto, pero debería ser contada como bendición. La suerte de tener suerte.
A pesar de la cruzada de Cremilo hace dos mil cuatrocientos años, Pluto nunca recobró la vista, y siguió repartiendo la riqueza al azar.