Internet no es un lugar donde uno esperaría encontrar consuelo o empatía ante una pérdida. Pero a veces sucede.
Ya soy una persona mayor. Eso significa que hasta hoy he logrado sobrevivir, pero muchos que he conocido y amado no.
He perdido amigos, mejores amigos, conocidos, compañeros de trabajo, abuelos, mamá, parientes, maestros, mentores, estudiantes, vecinos y muchas otras personas.
(…)
El dolor de cada muerte es un naufragio. Sientes que te ahogas y lo único que ves son restos de la embarcación a tu alrededor. Todo lo que flota te recuerda la belleza y la magnificencia de lo que fue y ya no es.
Todo lo que puedes hacer es flotar.
Encuentras alguna pieza de los escombros y te aferras a ella un rato. Tal vez sea algo físico o un recuerdo feliz o una fotografía. Tal vez sea otra persona que también está intentando mantenerse a flote de tu mismo naufragio. Por un tiempo, todo lo que debes hacer es flotar, mantenerte vivo.
Al principio, las olas tienen 100 pies de altura y te golpean sin piedad. Vienen con pocos segundos de diferencia y ni siquiera te dan tiempo para recuperar el aliento. Aguantas y flotas.
Después de un tiempo, tal vez semanas, tal vez meses, verás que las olas -aún con 100 pies de altura- vienen en intervalos más largos. En los intermedios logras respirar, logras hacer las cosas funcionar.
Nunca se sabe lo que va a desencadenar el dolor. Puede ser una canción, una imagen, un cruce de calles, el olor de una taza de café. Puede ser casi cualquier cosa… y la ola vuelve. Pero entre olas, hay vida. En algún momento, y es diferente para todos, encuentras que las olas tienen solo 80 pies de altura. O 50 pies de altura.
Y aunque todavía vienen, se alejan más. Puedes anticiparlas y verlas venir: un aniversario, un cumpleaños, navidad, o un aeropuerto. Puedes verlas venir, y prepararte, y aunque te ahogues, sabes que de alguna manera saldrás al otro lado. Empapado, todavía aferrado a alguna pequeña pieza de los escombros, pero saldrás.
Ya soy una persona mayor y puedo asegurarte que las olas nunca dejarán de llegar y, por alguna razón, no vas a querer que dejen de hacerlo. Porque aprendiste que sobrevivirás, y que vendrán otras olas, y que también las sobrevivirás.
Y que si tienes suerte, tendrás muchas cicatrices de muchos amores.
Y muchos naufragios.
Gsnow, en Reddit (14 de Mayo de 2011) – Texto original en inglés
(La traducción es mía, y no resistí hacer algunos ajustes de estilo).
8 Sep 2022
Thoré
Al notar algo familiar en el cuadro colgado a gran altura, Théophile Thoré-Bürger pidió una escalera al personal de la galería Dresdner. Después de auscultar la firma escondida en la esquina, sentenció:
–Es un Vermeer, no un van der Meer.
Corría 1859, y habían pasado dos siglos después de que el genio holandés pintara En la casa de la alcahueta. La pintura había sido confundida por la firma con otro desconocido paisajista, y estaba refundida en una galería.
Entusiasmado con el descubrimiento, Thoré se lanzó a la búsqueda de la obra de Johannes Vermeer, quien reunió todos los clichés de artista revolucionario, incomprendido y reconocido solo después de su muerte.
Logró encontrar 23 en colecciones privadas y sótanos de museos, dos tercios de la obra conocida del artista, y en sus escritos lo comparó con Rembrandt, Hals y otros grandes.
Años más tarde defendió a Edouard Manet con su naciente impresionismo.
Ambos genios: el descubridor y el descubierto.
En su Espejos, el uruguayo Eduardo Galeano habla sobre Vermeer el descubierto (resurrecto para él):