Juan Fernando Zuluaga
Este es mi blog de notas. Empresario. Escribo cosas.
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7 Abr 2020

Tos

Aún había restos de levadura en la mesa del panadero al momento del cierre. Reinaldo las limpió y causó otro pequeño desastre al regar un poco de aceite.

–Nena, toma tus cosas que nos vamos a casa –ordenó a su hija mientras limpiaba.

No cuadró la caja porque tampoco hubo clientes ese día en esa pequeña tienda en el centro de la ciudad. Atardecía y las ranas empezaban su pequeña serenata nocturna.

La niña salió de primera, hizo un par de volteretas en mitad de la avenida vacía y tomó la mano de su padre para ir caminando a casa, unas cuantas cuadras hacia la montaña.

–Papá, hoy tampoco se escucha a la gente toser.

–No. Hoy tampoco.

5 Nov 2019

Panóptico

Uno de los reclusos rasca su oreja izquierda mientras, en un gesto aprendido de distracción, acaricia una fisura en la pared.

Treinta grados en el sentido contrario de las manecillas del reloj otro interno golpea su cabeza contra los barrotes que lo separan del abismo. Una espesa baba de sangre cae de su boca, posiblemente por haber mordido los barrotes en desesperación por centésima vez.

A las seis y treinta (en el sentido de la posición de la torre central) otro reo, temeroso de los ojos que siempre lo ven, intenta leer lo único que se permite en la prisión: un largo y detallado conjunto de reglas, todas concordadas con su respectivo versículo.

El calor en sus celdas podría cortarse como un bloque de grasa. El tedio también.

Desde la torre central los vigilo.

Soy todos los prisioneros: el ladrón, el lascivo, el mentiroso, el corrupto.

Jamás ninguno se me volverá a escapar.

29 Oct 2019

Uma tristeza

Tengo una tristeza que ya logró alojarse en mi pecho. Empezó en mi cabeza, se abrió camino por la espina dorsal, el plexo braquial y usó sus filudas garras para aferrarse a mi corazón. Ahí lleva varios días.

En la mañana se aloja en la aurícula izquierda. Le gusta la madrugada, cuando se alimenta de recuerdos y resaca, y se despliega y ensancha y oprime y se ensaña.

A través del día vaga por las demás cavidades, siempre haciéndose notar. Si necesito concentración me envía un recuerdo con una leve opresión. Si río más de la cuenta, me implanta una imagen mental acompañada de un arañazo a la pared ventricular. Es muy celosa con la felicidad.

Quiere fundirse en sangre y plasma, y me deja claro que quiere latir conmigo por mucho tiempo.

Algún día mi tristeza se enterará de que la tarde me redime, y que será besada por la serenidad. Ese día deberá volver a subir a mi cerebro para diluirse y convertirse en un pequeño recuerdo.

Sé que le dolerá, pero así deben ser las cosas: lo que nace del dolor, debe morir en el olvido.

Pobre da minha tristeza.

28 Oct 2019

Indefinidos

Todo el mundo quiere este producto.

A nadie le gustó esta funcionalidad.

Hubo muchos comentarios negativos.

Pero casi todos dijeron que querían algo así.

«Todo el mundo», «nadie», «muchos», «casi todos» son adjetivos indefinidos. Y es necesario limitar su uso en la conversación corporativa.

Los adjetivos indefinidos son aquellos adjetivos que no describen al sustantivo pero especifican su alcance, con la particularidad de que no lo hacen en forma precisa, sino apenas aproximada

Si nuestro trabajo es tomar decisiones o dar la información que sea necesaria para que alguien más las tome, no los usemos.

Los adjetivos indefinidos son anecdóticos, no factuales.

11 Oct 2019

Lunaluna

Como muchas noches, el final de la jornada incluía un cuento o una explicación de algún fenómeno natural, en compañía del siempre vigilante gato.

El lunes no lo recuerdo, pero el martes discutimos sobre el olfato de las hormigas: «¿cómo huelen los restos de galletas desde tan lejos si no tienen nariz?». La mejor explicación que se le ocurrió era que a dios no le gustaba el desorden y hacía aparecer a las hormigas para que se llevaran los restos de comida de su cuarto.

El miércoles durmió molesta con la conclusión de que Sammy el Heladero, a pesar de ser un pingüino feliz y gordito, era malo: ¡le echaba a sus helados clavos molidos y pimienta mojada!

El jueves le expliqué por qué la luna siempre nos muestra la misma cara. Armado con una pelota de caucho y un marrano de peluche hice una pantomima que simulaba el fenómeno: el periodo de traslación de la luna coincide con el de rotación de la tierra.

-¿Y las lunas tienen lunas?

-Sí. Se llaman lunalunas.

Se durmió con una sonrisa en el rostro. A su lado rotaba el gato, mientras ella rotaba sobre mí.

El gato era su lunaluna.


Notas:

Es verdad. Se llaman así:

Miren esto tan bello: las lunas pueden tener lunas. Y se llaman “lunalunas”.

Aunque también proponen “lunetas” y “metalunas”.

Todas me gustan. https://t.co/u89o1sjLww

— Juan Fdo. Zuluaga (@jfzuluaga) October 11, 2019

16 Sep 2019

El traductor

Su talento fue evidente cuando para una tarea escolar tradujo «used to love her» como «solía amarla». «Solía» no solía usarse. No a esa edad.

Años después sustentó su tesis sobre el uso del verbo «apprivoiser» en El Principito: «no quería domesticar al zorro… lo quería atraer con cariño».

Para una traducción de un cuento de los hermanos Grimm utilizó el improbable «contemplar» («to gaze») para aquel hado que acechaba a la pequeña niña del bosque.

Podía sentir el sentido de las palabras al llevarlas a nuevas lenguas. No traducía: transmitía. Di Giovanni, el legendario traductor del ciego Borges, diría que parafraseaba.

Se hizo famoso; tanto, que los autores pedían que tradujera sus obras (a cualquier idioma, no les importaba cuál) por el solo placer de volver a repetir el proceso en reversa y ver mejorada su prosa con el resultado final.

Del inglés al español y de nuevo al inglés, el texto adquiría la musicalidad de un delicioso Cervantes ebrio. Del italiano al francés y de nuevo al italiano, dejaba sentir el sabor de la magdalena de Proust.

Este texto es un ejemplo: aún le falta una traducción de vuelta para ser bello. Esperemos entonces que llegue los ojos del traductor.

9 Sep 2019

Un gato

Tengo un gato imaginario que viene a mi casa cada mañana antes de salir el sol.

Entra por el breve alero del breve balcón de mi breve habitación, reverbera entre mis piernas, me vigila con mirada de caricia y crimen y desaparece sin aviso.

Le dejo agua, le pongo en el camino plumas que flotan sobre improvisados resortes, le alimento e intento mil formas de ganar su cariño.

Pero este gato no sabe de correspondencia ni de genuflexión, por ello parte sin cargos de consciencia.

Hoy, este autómata blando e indestructible (según estricta definición de Ambrose Bierce), que ha caído catorce veces por el balcón y ha roto mi corazón con sus partidas más veces de las que quiero contar…

Hoy, hoy el gato habló. Hoy el gato gató.

«Cualquier mañana dejaré de venir y tendrás que ver cómo hacerte salir el sol».

16 Ago 2019

Sin palabras

Lima, agosto de 2009. Pálido, vio que un hombre se abría paso en medios de los periodistas para increparle.

«¿Vas a pedir perdón por la muerte de mi hermano?»

Tomó un largo respiro y con vidrio en los ojos contestó:

«No. No quiero tu perdón, ni el de tu madre, ni el de nadie aquí. Un día seré llamado a cuentas por algún dios, a quien solo pediré que me deje hablar con tu hermano. Ante él me arrodillaré y tendré la eternidad para pedir absolución.»

Tel Aviv-Jaffa, enero de 1978. Un ingeniero que había sido secuestrado, abandonado en una mazmorra y olvidado por más tiempo del que un calendario puede atestiguar, contestó ante cientos de periodistas…

«¿Me pregunta qué se siente estar libre? No, no puedo contestar eso. Para expresar lo que sentí al salir y ver a mi familia es que existe la poesía. Verá usted, no soy poeta. No tengo palabras».

La tragedia a veces exprime sabiduría donde las palabras no alcanzan.

30 Jul 2019

Lapidación en la Caverna

Después de haber armado el complot para asesinar al explorador esperaron en la penumbra. Callados, sintieron cómo al bajar daba tumbos contra las paredes de la caverna.

No habían alcanzado a escuchar su usual discurso sobre las maravillas que había visto en su expedición a la luz cuando el menor de la camada, con rabia y un altísimo sentido del deber, lanzó la primera piedra. El explorador no sobrevivió a la tercer pedrada, aunque decenas más siguieron lloviendo sobre su cadáver por varios minutos, en medio de frenéticos gritos y expresiones de dolor en éxtasis.

La muerte del explorador había sido decidida por quienes habitaban la caverna por la desazón colectiva que les generaba cuando traía noticias acerca de nuevos colores -ninguno ahí entendía siquiera ese concepto-, siluetas que cobraban vida en tres dimensiones, sonidos de fantasmas polinizadores alados y olores de piedras con vida.

De la mano derecha del cadáver cayó algo al suelo que iluminó todo.

Ese día, el explorador había logrado bajar el sol.


Nota:

  • La Alegoría de la Caverna de Platón es posiblemente su más célebre parábola. Este video inspiró este corto cuento.

28 May 2019

Amistad

–Claro que sí: la amistad tiene propósito.

–¿No debería ser desinteresada?

–No hay tal cosa como una relación humana desinteresada. Los amigos sirven para muchas cosas: para darte compañía, conectarte con otros seres humanos, reafirmar tus creencias, aclarar pensamientos, o para simple diversión.

El hombre canoso interrumpió su respuesta para tomar un sorbo de té. Continuó:

–Sabrás que es una amistad cuando no te importe que conozcan tus fragilidades. Que incluso, se puedan reír juntos de ellas. Verás, al final de todo, la amistad no es más que vulnerabilidades compartidas.

–¿Desde cuándo somos amigos, abuelo?

Otro sorbo de té precedió a la respuesta.

–Desde antes que nacieras.

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19 May 2019

Esta no es una pipa

Ni es amor. Ni porque se nombre mil veces, y con mil sudores va a serlo. No será cultivado, rellenado ni explotado porque no es amor, es una pintura de amor.

Ni es arrepentimiento, por más llanto que haya. Porque parecen lágrimas y parecen lamentos, pero tampoco. Si existieran, habría un charco.

Volver, jamás, así se añore. La nostalgia es un engaño, porque para volver ahí tendría que existir amor y arrepentimiento.

Pero no hay pintura ni hay charco.


Notas:

  • Este fragmento de diálogo (de un texto más largo en construcción) no es romántico, como la ausencia de contexto sugiere. Un hombre ha jurado ayudar a su patria, y no lo hace. Lo canta, lo grita, lo vocifera, pero no lo hace. Una cosa es lo que la gente dice, otra lo que la gente hace. Y encuentra en la pipa y en el amor/desamor la forma de ilustrar su apatía.
  • La obra a la que se refiere es esta La trahison des images de Renè Magritte:
  • Magritte se quejaba de la reacción de la gente a su pintura…
    «La famosa pipa. ¡Cómo la gente me reprochó por ello! Y sin embargo, ¿se podría rellenar? No, sólo es una representación, ¿no lo es? ¡Así que si hubiera escrito en el cuadro «Esto es una pipa», habría estado mintiendo!»

15 May 2019

Corrección

Cuenta Galeano en su Amares que en una celebración de treinta años de matrimonio un grupo de amigos jugaba a adivinar quién lleva más años muerto. Los anfitriones decían que veinticinco, a carcajadas.

También cuenta que otra pareja fue a conocerse al hipódromo y terminaron arruinados, aunque triunfadores. Contaba ella: «me muero de ganas de salir a la calle, tocar la trompeta, abrazar a la gente, gritar que lo quiero y que nacer es una suerte».

No, nena. Nacer es una muerte.


Nota: el cuento es «Marzo de 1976, Buenos Aires: Las negruras y los soles», del uruguayo Eduardo Galeano.

8 May 2019

Kōan

La vieja aporía zen se pregunta «si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?».

Si un amor estalla en mil pedazos, como un Big Bang que ilumina y contamina, y no hay un poeta cerca para narrarlo, ¿hace alguna luz?

Si un gran dolor, «como de madre de un hijo ciego», se acaba sin que un héroe lo aplaste, ¿existe el heroísmo?

«El humano necesita narrar y salvar, es su función primordial», decía Talavera en una entrevista a un impertinente uruguayo. «Si no lo busca y no lo hace, no vale ni lo que el musgo en la corteza de un árbol que nadie oye caer».


Nota:

  • «Para resolver un kōan el novicio debe desligarse del pensamiento racional para así entrar en un sentido racional más elevado y así aumentar su nivel de conciencia para intuir lo que en realidad le está preguntando el maestro, que trasciende al sentido literal de las palabras.»
  • La referencia a la «madre de un hijo ciego» corresponde a un poema/canción de Silvio Rodríguez…

    Ya no te espero
    Porque de esperarte hay odio
    En un noche de novios
    En los hábitos del cielo
    En madre de un hijo ciego
    Ya soy ángel del demonio

    Ya no te espero

7 May 2019

Wiegenlied

Rahid nació en Comilla cinco años antes de que sus padres se conocieran. A los ocho, su profesor de música lo llevó al conservatorio para que hicieran el diagnóstico: Rahid sufría del don del oído absoluto.

Con unos pocos años de entrenamiento fue capaz de darle nombre de tono musical a cualquier cosa audible: su padre le hablaba en Mi, el teléfono sonaba en Fa sostenido y su hermano recién nacido lloraba en una extraña séptima de Si.

Sabía exactamente en qué momento la comida estaba lista por el sonido del aceite sofreído en Re e identificaba a su gato por el ronroneo en Sol menor.

No pudo estudiar formalmente la música: todos los instrumentos le sonaban desafinados y solo podía limpiar sus oídos con el Wiegenlied de Brahms o haciendo resonar el Mi de su diapasón.

Murió un par de años antes de que su hijo naciera. Lo llamaron también Rahid, nombre que al pronunciarse con amor resuena en un La perfecto.


Notas:

  • El oído absoluto me genera mucha curiosidad. Lo tuvo Mozart y muchos grandes músicos (aunque hay correlación con el talento, no hay causalidad: alguien con oído absoluto puede no desarrollar talento y gusto para la música, así como alguien con gran capacidad pulmonar no le guste nadar).
  • Los sonidos aquí descritos (el teléfono, las voces, el llanto, el ronroneo y hasta el aceite hirviendo) están en rangos específicos de frecuencias auditivas que pueden relacionarse fácilmente con notas musicales.
  • El protagonista nace en Comilla (Bangladesh), donde también nació Ali Akbar Khan. Este músico clásico hindú afinaba a una frecuencia de 268.8 (en la mitad del camino del Do al semitono posterior).
  • La Wiegenlied de Brahms es un caso maravilloso: ¿cómo una canción de cuna que enlaza a dos seres humanos (madre e hijo) de una forma tan automática y perdurable?
  • No, el protagonista no era adoptado. Hay algo de taumaturgia en la forma en que el cosmos lo replicaba. Este motivo lo desarrollaré en otros cuentos.

Microcuento

11 Ene 2019

De vírgenes y brujas

La actriz madura, de cabello negro y vestidos blancos sale al escenario para la segunda escena.

La narradora tras bastidores inicia: «Recordemos que en la alta edad media la mayoría de personas habían perdido la mitad de su dentadura al llegar a la adultez. Maquilladores, por favor… «.

Una pequeña sonrisa colectiva se le escapó al público mientras maquillaban a la mujer en vivo, frente a la audiencia. La voz continuó…

«La parálisis histérica, o fibromialgia como la conocemos ahora, era también común. Con el dolor muscular venía la inevitable coagulación de los vasos sanguíneos, generando un aspecto… desagradable».

La actriz, hace unos segundos blanca y magnífica, ahora lucía como una encorvada y tambaleante anciana mientras le añadían unas cuantas verrugas en el rostro.

«El frío era intenso…»

Las risas ya habían desaparecido cuando los de la guardarropía la cubrieron con un desgastado manto negro y le dieron a guisa de báculo una escoba de utilería para que se sostuviera.

«No sería raro que tuviera bisnietos a esa edad y que ya hubiera visto morir a mucha de su decendencia. Los que quedaban se salvaban por los profundos conocimientos sanadores herbóricos de la mujer».

Un tramoyista que extraordinariamente fungía de utilero empujaba con torpeza una inmensa olla negra humeante.

Un pequeño gesto de sorpresa colectivo se le escapó al público cuando quedó claro que se había personificado la deconstrucción de la brujería; y otro gesto de horror cuando se evidenció que la actriz que encarnaba a la nigromántica había hecho en la escena anterior el papel de la Virgen María.

«Una mujer es todas las mujeres», finalizó la narradora.


«Dios, lo que le hacemos a las mujeres», es una frase de Josiah Bartlet, personaje de Aaron Sorkin, y que resume la frustración de lo que culturalmente hemos hecho de la sabiduría y el albedrío femenino: sistemáticamente los zaherimos en brujería o prostitución (como si alguna fuera mala). Ni nuestras madres han merecido respeto.

En este #microcuento una mujer encarna las antípodas.

7 Ago 2018

Selfies

Bioy Casares denunció que había pueblos en donde aterraba la idea del daguerrotipo –forma primordial de la fotografía– porque la transferencia de la imagen suponía la transferencia del alma.

Tenían razón en el concepto, pero no en la medida: se pudo comprobar que era la cantidad de reproducciones de la imagen lo que hacía que el cuerpo original se vaciara con mayor o menor intensidad cuando se le reproducía en una imagen.

El Cristo Muerto fue el primero en ser vaciado de su alma por culpa de Messina. Lo sintieron también la esposa del Giocondo debido a Leonardo, y la Maja duquesa del Alba por culpa de Goya.

En tiempos posteriores fueron los bufones del reino (ahora llamados «celebridades») quienes perdieron el alma cuando sus fotografías empezaron a rodar por las revistas impresas del mundo entero.

Los políticos, que de alma ya poco tenían, al ser reproducidos en periódicos y noticiarios aprovecharon el vacío que quedaba en su pecho para llenarlo de ignominia y vulgaridad.

Con la irrupción digital la transferencia del alma a la imagen se consumó.

Ahora, cascarones de seres humanos van por ahí, documentando con selfies sus vidas vacías.

Microcuento

5 Ago 2018

Confesión de un cínico (Intento de)

Eso no sucedió.

Sí sucedió, pero no sabía.

Sí sabía, pero no era tan malo.

Sí era malo, pero no era ilegal.

Sí era ilegal, pero no fue mi culpa.

Recuerden que lo hice por los altos intereses de la nación.
Además, se lo merecían.

Pero como no sucedió.

Microcuento

31 Jul 2018

Buenos muertos

A Pacca se le arrimaban los perros de la calle con la cola batiente y feliz. Le acompañaban a donde fuera, le esperaban afuera de su universidad, caminaban con ella hasta su casa.

A Tabai siempre le daban más de lo que pedía. Los restaurantes llenaban más sus platos, en los bancos la gente le ofrecía un puesto adelantado en la silla, y en las fiestas desconocidos ebrios lo abrazaban y besaban en las mejillas.

Amalia fritaba empanadas en el frente de su casa para ayudar a la economía familiar, pero de un momento a otro su negocio floreció y tuvo que ampliarse al garaje. «Ella es acogedora, aquí me siento en casa», era el comentario más recurrente de sus clientes.

Pacca, Tabai y Amalia tenían en común que compraban ropa usada en donde Jabali, quien, como era operario de una funeraria, tomaba las prendas de los muertos que iba a ser incinerados para venderlas.

Pero Jabali solo tomaba ropa de gente buena, sin saber que así permeaba de bondad a sus desprevenidos clientes.

Microcuento

29 Jul 2018

La peor droga

Tiene razón, señora, soy muy joven para tener tanta fortuna.

¿Qué haré con ella? Francamente no tengo idea.

Al principio, me consumí en el frenesí orgiástico de los placeres, como cualquier ser humano que no esté en sus cabales lo hubiera hecho: sexo, drogas y alcohol me han acompañado estos meses. Ya no tanto las drogas, porque descubrí que su factura en mi cuerpo era mas costosa de lo que mi recién adquirido dinero podía pagar: las resacas eran morales y la depresión me podía matar, lo cual era un desperdicio horroroso de tantos millones en mi cuenta. Pero sexo y alcohol sí. Y mucho.

Aunque en mis ratos de sobriedad logro vislumbrar que aún soy ignorante, mi cerebro no está listo para comprender todo lo que implica tanto poder. Porque ese fue el primer descubrimiento: el dinero me daba poder, y no solo para mandar o solicitar lo que se me antojara, sino para ganar respeto. A nadie aquí le importa que apenas haya terminado el bachillerato, y nadie preguntó por mi formación en apreciación del arte cuando me llevé ese gran telar de Miró para decorar el patio posterior de mi casa en las baleares, y nadie cuestionó mis razones para hacer esa donación a la Fundación de Carniege con la cual ganaré acceso eterno a su sala de conciertos. Solo el dinero. El dinero me dio poder. Porque ahí, en esos salones de cocktails, había dinastías que contaban con la mitad de mi chequera, y me miraban con respeto.

Respeto, imagínese usted.

Soy ignorante y mi cerebro no entiende mucho todo lo que está sucediendo a mi alrededor, pero tengo la certeza de que están sacando provecho de mí, más del que se debería, teniendo en mi cuenta mi origen humilde y los rimbombantes estudios de mis asesores.

Pero no me importa. ¿Sabe por qué?

Por una droga de la cual he escuchado. No le hablo de las consumibles, señora, las que mi cuerpo no pudo recibir. En este mundo en el que ahora habito hay una droga que es peor, y a esa me da miedo sucumbir, porque en estos cortos meses he visto a muchos consumirse en ella.

Es la corrupción.

Se les ve en la cara, en sus ojos inyectados en las noches de reuniones sociales; los síntomas son clarísimos para mí, pero debe ser porque soy recién llegado: la boca pastosa, una mueca recurrente en la comisura de los labios, risas frenéticas que interrumpen el sonido de las bandas de salón… esa droga es la que consumen todos alrededor mío, y quiero conocerla, quiero saber de ella, quiero saber si debo tenerle miedo.

Tengo algunas reservas porque fui criado con otros valores, pero si eso no le importa a nadie, por qué a mí. Sospecho que debe ser más poderosa que muchas de las que he probado este tiempo, así que voy preparado.

Ya tengo el dinero, y unos escrúpulos inexistentes: creo que ya estoy preparado para la corrupción.

Microcuento

29 Jun 2018

Trascendencia

En el salón la música se interrumpió cuando se escucharon dos gritos de horror. Se veía a un hombre salir apresurado.

Jackes, el dueño, salió de la barra y se apresuró a la mesa en la que una mujer de rodillas en el suelo vomitaba y otra miraba aterrada, sin moverse, desde el otro lado de la mesa cuadrada.

–¿Qué les dijo? ¿Qué les hizo? -preguntó.

La mujer de rodillas, aun con arcadas, le señaló un pañuelo que estaba encima de la mesa. Aún con olor a trementina y aceite de óleo, contenía una oreja.

Jackes decidió conservarlo. Esa noche, sumergió el contenido del pañuelo en un líquido ámbar.

Gracias a esto, muchos años después, un artista renació.

«‹ 5 6 7 8›»

Soy Juan Fernando Zuluaga, empresario colombiano en la industria del conocimiento y la tecnología (y últimamente en el sector cultural y gastronómico). Escribo sobre vida empresarial, innovación, mercadeo, algo de arte y muchos cuentos.

Aquí está mi última compilación de cuentos.

En este lugar pongo mis notas: ideas de negocio, pensamientos en borrador, pedazos de ensayos, citas a trabajos de otros y pequeños relatos (publicados y sin publicar).

Si le gusta un cuento, por favor cuénteme por alguna red social; o si alguna idea de negocios le produce dinero, me debe un café. En eso soy irreductible.

Aquí hay una reseña más amplia.


Archivo

Juan Fernando Zuluaga C. - Director Ejecutivo de Actualícese - Centro de Investigación Contable y Tributaria